Izquierda Invertebrada

Por Ismael Crespo Amine

 

Más que hablar hoy de «El Mito de la Izquierda», habría que hablar de «La izquierda invertebrada»; por supuesto, esto no significa que la izquierda sea menos mítica y que muchos izquierdistas no sean conscientes de sus posiciones. Pero seamos honestos: acta est fabula. Hoy en día la izquierda no puede conquistar nuevos logros criticándose a sí misma. Incluso la crítica se ha convertido en una especie de enfermedad: síntoma de ello es la reacción ante el auge de VOX, variando entre el enfado infantil y el «la culpa, en el fondo, es nuestra y solo nuestra». Los mejores intelectuales de izquierda, si se piensa, se pasan la vida entre una crítica anticapitalista cada vez más irracional y otra crítica a la izquierda, que de suyo se tilda de decididamente anti-racional. La izquierda, por tanto, se está convirtiendo en un género literario en el cual los plumillas se lanzan barros los unos a los otros mientras que, quien puede, se escaquea por el medio para cambiar de facción.

¿Y qué entiendo por «izquierda invertebrada»? Por una parte, subrayo, como hacía Ortega y Gasset, que la desintegración de las energías sociales se produce por la incapacidad de cristalización de algún proyecto concreto y tangible que mire hacia el futuro. Este era el caso de España según el madrileño (aunque en el fondo Ortega y Gasset no conocía bien la situación de España), y puede que sea el caso de la izquierda actual. La imposibilidad de retornar a las viejas posiciones, por una parte, genera la idea de resignación: hay que conformarse con «lo que ya hay», es decir, la socialdemocracia. Muchos son los que, como Antonio Escohotado, piensan que «la izquierda tuvo su momento» y que la tendencia actualmente es el centro. Es decir, que este es el resultado del conflicto del siglo XX que comenzó en el eje Moscú-Washington-Berlín, con la diferencia de que el fascismo cayó bruscamente y el comunismo lo hizo carcomiéndose poco a poco. Puede que esto sea verdad, pero si lo es, entonces la izquierda ha entrado en su fase decididamente post-ironic, es decir, es algo que tiene un mito cuyo rito no se puede nunca realizar: una empresa quijotesca y nostálgica.

Por otra parte, pensemos que la izquierda no es puramente moderna en sus aspiraciones, y que guarda un elemento «transcendente». Este elemento «transcendente» empuja a la izquierda cansada a girar la vista al reaccionarismo o al conservadurismo. A lograr, en suma, su trascendencia en pequeños nichos identitarios («España» es aquí la deriva que creo más fundamental, pues creo que para muchos, ante la caída del mito de la URSS, ha surgido un nuevo mito, más potente, la idea de España como herencia a defender a ultranza: algo por lo que merece la pena luchar. Pero cabría enumerar otras).

Es decir, la izquierda no tiene proyecto de futuro y ante ello sólo parecen haber tres alternativas (1) retornar al conservadurismo (2) virar al liberalismo o al centro o (3) convertirse en yet another instance of kritik der kritischen kritik, un intelectual que lo único que hace es cagarse en la izquierda y decir: «nos falta pensar, nos falta pensar más…» en bucle.

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