MISERIA, GLORIA Y AGONÍA DEL PETRO-ESTADO VENEZOLANO (I)

Por la nobel pluma germano-gallega de José Lastra Zorrilla, nuevo fichaje de El Meollo

En las últimas semanas se ha vivido un torrente informativo acerca de la actual crisis política venezolana. Este nuevo episodio noticiero, sin embargo, es tremendamente similar a los anteriores; análisis exhaustivos en torno a la miseria y violencia del país que parecen emanar o de un intento internacional de golpe de estado o de la ineptitud de un gobierno cuasi-dictatorial. Este tipo de análisis pueden estar dotados de una gran riqueza y detalle informativos, pero no dejan de ser interpretaciones sintomáticas: los problemas que parecen acosar al país caribeño ya han ocurrido en el pasado con intensidades variables. Lo que se quiere decir con esto es que el problema que padece Venezuela es uno estructural, y no uno que radique en un solo gobierno. Para entender esta cuestión no sólo hay que reconsiderar planteamientos y análisis que se centren en el ámbito nacional e internacional, debemos hacer un recorrido temporal remontándonos al momento de la construcción del estado moderno venezolano y su relación con el desarrollo de la industria petrolífera global. Cualquier análisis político o social que no preste atención a cómo la incorporación del estado venezolano moderno en el sistema de producción y consumo global del petróleo creó una serie de tejidos sociales, políticos y económicos locales pecará de ser corto de miras.

 

El proceso de construcción del Petro-estado venezolano explica la mayoría de las dolencias actuales del país además de ilustrar cómo aquellas economías periféricas mono-exportadoras dentro del marco de un capitalismo cada vez más globalizado tienen muy pocas posibilidades de desarrollar unos niveles de “calidad” política y económica similares a los de Occidente. Lejos de caer en la estereotípica concepción de la “paradoja de la abundancia”, por la cual la plenitud de un recurso se considera más una maldición que una oportunidad, es necesario conceptualizar porque en vez de comparar el estado venezolano con Cuba o Corea del Norte sería mucho más útil compararlo con Arabia Saudí, Irán o Libia.

 

Sobre el término «Petro-estado»

El uso del término petro-estado hace referencia a aquellos Estados que obtienen ingresos por valor a un porcentaje mayor al 10% de su PIB derivado de la exportación neta de crudo. La mayoría de este tipo de Estados se encuentran en lo que se conoce como el Sur global y funcionan como economías mono-exportadoras de crudo. Como veremos a continuación, los ingresos estatales de rentas petrolíferas hacen verdaderamente difícil que este tipo de países lleguen a desarrollar una industria interna que sea independiente de cualquier actividad referente al crudo. Además, existe una tendencia a mayor autonomía estatal respecto a la sociedad civil en su conjunto. Como la gran parte de los ingresos se obtienen mediante la exportación de crudo y actividades derivadas, en las que el Estado funciona como un administrador rentista, este no tiene que dedicarse a la promoción y arbitraje de una economía local productiva; esto deja al Estado en una posición donde no tiene que rendir tantas cuentas a la ciudadanía. A diferencia de otros Estados mono-exportadores, el petro-estado obtiene ingresos mayores por lo general ya que la actividad petrolífera demanda menos mano de obra y es fácilmente centralizada, existiendo en la selva del Orinoco, por ejemplo, verdaderos enclaves aislados con un par de cientos de trabajadores. Estas dinámicas internas se ven retroalimentadas por el hecho de que estos Estados, como cualquiera que sea mono-exportador, tienen la debilidad de ser extremadamente dependientes del mercado externo, por lo que cualquier variación en las condiciones del mercado del crudo (que suele ser tremendamente inestable) puede generar consecuencias imprevisibles dentro del país creando un escenario de crisis que, en caso de agravarse, puede tener consecuencias en el mercado internacional.

El nacimiento del petro-estado

Para poder explicar lo que sucede hoy en día en Venezuela habría que ir atrás en el tiempo hasta la toma de poder del General Juan Vicente Gómez y la instauración de su régimen dictatorial en 1908, pero antes de ello le pido al lector que me permita tomar un pequeño desvío para encuadrar nuestra historia dentro de una perspectiva un poco más global.

Para ello tendremos que desplazarnos brevemente a la Pennsylvania de mediados del siglo XIX, 1859 concretamente, cuando el buscavidas Edwin Drake consiguió extraer petróleo de manera exitosa por primera vez. En el mundo pre-crudo, la demanda energética estaba completamente concentrada en los países occidentales y más concretamente en la industria y las necesidades privadas los sectores más privilegiados de la sociedad. Las mercancías para satisfacer esta demanda se encontraban en el aceite de ballena y el carbón. El uso privado de energía se centraba generalmente en la iluminación y para ello se recurría a la caza de ballenas en las costas del Pacífico y Sudáfrica. El problema radicaba en que la búsqueda de la ballena, la obtención del aceite y su transporte resultaban tremendamente aparatosos y caros. Por ello esta sería la primera demanda que el crudo pronto comenzaría a cubrir. Cuando en 1861 se crea la primera refinería petrolífera y en 1865 aparece el primer oleoducto es cuando podemos hablar del inicio de la fiebre del oro negro. En estos humildes orígenes, el propietario del suelo daba licencia a cualquiera que quisiese explotar las bolsas que se pudiesen encontrar en el subsuelo de su terreno y se establecían contratos de arrendamiento entre individuos y pequeñas compañías que comenzaban a formarse imponiendo cuotas de retorno dependiendo de la producción. Este tipo de relación productiva desembocó en una explotación caótica y errática que se tradujo en fluctuaciones de precios tan extremas que en algunos casos los barriles de whiskey donde se trasportaba el crudo llegaban a tener más valor que el propio petróleo. En este contexto caótico será un empresario neoyorkino quién modernizará la industria y cambiará la historia del petróleo dejando precedentes que perduran hoy en día; John D. Rockefeller.

Edwin Drake, junto a una torre bastante «palleira» de extracción de crudo.

En contra del ideal económico jeffersoniano que inspiró el sueño americano, Rockefeller veía en la libre competencia de pequeños productores independientes de crudo un verdadero peligro para la estabilidad y el futuro de la industria. Ciertamente, por culpa de la ignorancia y el ansía voraz de beneficios, muchos pozos petrolíferos se habían sobre-explotado y los beneficios no alcanzaban ni para cubrir costes por la falta de entendimiento entre productores para regular la oferta. Rockefeller interpretó este contexto como uno en el que la única forma de crear un mercado estable sería mediante la eliminación de la competencia. La innovación brillante del futuro magnate se basó en la apropiación de toda estructura del midstream y downstream. En la década de 1880, la empresa de Rockefeller, Standard Oil, controlaba ya el 90% del downstream de los EE.UU. lo que significaba el 85% del mundo. (Breve apunte: En la industria petrolífera el llamado upstream se refiere a toda la actividad dedicada a la perforación de pozos y extracción del crudo. El midstream y downstream se refiere al tratamiento del crudo en refinerías y el transporte de los barriles llegando a la venta particular.)

 

Aunque el mercado americano comenzó siendo el principal en la producción y consumo de petróleo, pronto comenzaron a descubrirse yacimientos en otros lugares del globo como fue el caso de Rusia, donde las familias Rothchild y Nobel habían comenzado a invertir. La cristalización de estas inversiones sería en la forma de Shell Transport and Trading Company, el origen de la futura Shell. Rockefeller, teniendo aún un dominio absoluto del mercado americano, desató una cruenta guerra comercial en el ámbito internacional con el objetivo de establecer un monopolio global. A finales de siglo aparecería otro jugador clave en el mercado, la Royal Dutch Company, que acabaría fusionándose con Shell en el año 1907. Es a comienzos del siglo XX dónde comenzarán a darse los movimientos tectónicos que conformarán el paisaje de la industria durante décadas con la aparición de Texas Oil Company, Texaco y la escisión en 1911 de Standard Oil en una serie de diferentes empresas resultado de las campañas anti-monopolio que habían llevado a Theodor Roosevelt a la presidencia, dando lugar a Exxon (Standard Oil Nueva Jersey), Mobil (Standard Oil Nueva York) y Chevron (Standard Oil California). A pesar de haber perdido su imperio, la práctica monopólica que había caracterizado el modelo de negocio de Rockefeller se extenderá a lo largo del siglo XX tomando diferentes formas.

No, no es el señor Burns. Es Rockefeller.

 

Si bien el petróleo parecía haber entrado con fuerza a finales del siglo XIX, eso no sería nada en comparación al tremendo boom que experimentará a comienzos del XX. La aparición del automóvil, aunque tímida en el XIX, llevada a su cénit con Henry Ford y su Modelo T en 1908 supondrá un incremento substancial el apetito de crudo. Pero no será hasta la motorización de los ejércitos que ocurrirá durante el fin de la primera guerra mundial que la necesidad de cubrir la demanda petrolífera se convertirá en un asunto de seguridad nacional. Este cambio de paradigma en el consumo ocurrió en Gran Bretaña auspiciado por Winston Churchill, quién había observado durante la encarnizada contienda europea que el crudo ofrecía una serie de ventajas sobre el carbón que hacían que las unidades mecanizadas ganasen mayor autosuficiencia y rapidez. El entendimiento de esta necesidad llevó al gobierno Británico a imponer una serie de medidas de política exterior que asegurasen una circulación ininterrumpida y asequible de crudo. Ello acabó materializándose en la creación de la compañía estatal Anglo-Persian Oil Company, conocida hoy en día como BP, que conseguiría concesiones territoriales para la explotación de crudo en Persia y más tarde Arabia.

Este nuevo paradigma pronto fue asumido por otras naciones y particularmente afectó a EE.UU. A finales del siglo XIX y principios del XX los americanos proveían más del 75% de la demanda de crudo internacional. La Primera Guerra Mundial aumentó los temores en el país a que sus propias reservas podrían agotarse, lo que propició una búsqueda por todo el globo de nuevas fuentes alternativas de crudo. En esta época que se descubrieron los extensos pozos de Oriente Medio por los británicos y franceses, el viraje hacia el Sur del continente americano para explorar la posibilidad de nuevos yacimientos era ya inevitable.

 

Las primeras prospecciones se iniciaron en México y comenzaron siendo prometedoras. Ayudaba el hecho de que el dictador Porfirio Díaz parecía más que dispuesto a negociar con empresas extranjeras para la extracción de petróleo a cambio de rentas. Así, en 1901 se creó la primera compañía petrolífera en México, Mexican Eagle por mano de Weetman Pearson. Durante unos años México llegó a convertirse en el tercer productor mundial de crudo, sin embargo, la revolución que comenzó en 1913 creó una severa inestabilidad en el país. Tras la expulsión de Díaz, el nuevo parlamento revolucionario demandó nuevas condiciones más duras para las compañías extranjeras lo que produjo una fuga hacia una nueva tierra que parecía brindar muchas más oportunidades, Venezuela.

 

Antes de la aparición del petróleo, Venezuela era un país extremadamente pobre. Acosada por el legado de cruentas guerras civiles tras la independencia, la economía venezolana se caracterizaba por ser profundamente agraria y muy poco desarrollada. En lo fundamental, su estructura económica estaba basada en el antiguo sistema de haciendas colonial. En un intento de modernización temprano en la década de 1870, el general Guzmán Blanco comenzó a instaurar nuevas medidas para unificar la moneda, crear una imprenta nacional y la construcción de una infraestructura básica de puentes, embalses y ferrocarriles. El estado contrajo una enorme deuda que llevó a una flota conjunta de buques ingleses, italianos y alemanes a bombardear Puerto Cabello en 1902 para que se saldasen las cuentas pendientes. El nuevo gobierno de Juan Vicente Gómez impuesto en 1908 tuvo la suerte de coincidir con este período de búsqueda de nuevos pozos por parte de las compañías internacionales. El primer depósito se descubrió en 1914 y comenzó a exportarse crudo de manera regular cuatro años más tarde.

 

En la historiografía nacional venezolana el régimen gomecista suele verse como un oscuro período de dictadura y represión del que luego salieron los frutos democráticos. La caracterización popular es de una de amplia corrupción y atraso. Si bien es cierto que la dictadura gomecista fue tremendamente violenta y personalista, el antropólogo e historiador venezolano Fernando Coronil[2] argumenta que es justo durante el gobierno de casi tres décadas de Gómez que se plantaron las semillas del petro-estado venezolano. Coronil expone que es con la llegada de las compañías petrolíferas en busca de crudo cuando aparece el régimen personalista de Gómez en forma del Estado como mediador entre estas y los recursos del país. En 1912, Gómez expropia todas las tierras con potencial petrolífero y prohíbe a los terratenientes particulares a dar licencias de explotación del suelo para reservar la propiedad de explotación de crudo al Estado. En teoría, la promulgación de esta ley se llevaba a cabo para que la riqueza del suelo fuera administrada por el Estado y ser disfrutada por todo el pueblo venezolano, en la práctica: las figura de Gómez y la del Estado estaba tan difuminadas que el enriquecimiento de uno implicaba el enriquecimiento del otro.

 

Los beneficios del Estado mediante la concesión de derechos de importación, venta de concesiones, e impuestos a exportaciones petrolíferas, engordaron las arcas públicas de manera considerable, lo que se tradujo en una centralización mayor del poder estatal, un consecuente aumento en legitimidad del gobierno, el desarrollo de nuevas obras públicas e infraestructuras modernas, además de una creciente militarización. Gómez había conseguido despertar un amplio interés internacional por Venezuela gracias a las generosas condiciones que le imponía a las grandes empresas petrolíferas. Tal desarrollo experimentó la industria que en 1929 la producción de crudo en Venezuela se había convertido en la tercera del mundo detrás de la URRS y EE.UU. La transformación del Estado había sido radical. Venezuela pasó de ser un país que obtenía recursos a través de licencias de importación e imposición tributaria de productos derivados del sector agrícola, a uno que conseguía tener una renta ininterrumpida y acaudalada proveniente de la venta de crudo. La cristalización del poder del régimen gomecista sobre las rentas del petróleo ocurrió en 1923 con la creación de Compañía Venezolana de Petróleo S.A., o CVP. La CVP supuso la eliminación del poder de los terratenientes y su concentración en el estado que era administrado por la camarilla de Gómez. Sin embargo, mientras que las expropiaciones gomecistas parecían ser pura retórica, el discurso creó un cierto tipo de conciencia nacional ligada al crudo por una gran parte de la intelectualidad venezolana de la época. Un ejemplo de ello fue el ministro de fomento Gumersindo Torres, quién comenzó a legislar bajo una sola idea: la riqueza petrolera era por derecho propiedad del pueblo venezolano y era éste quién debía disfrutar de sus beneficios para el desarrollo de un bienestar nacional. De esta manera, el papel del Estado se convertía en el de salvaguarda de la riqueza e intermediador entre los intereses extranjeros y la nación que tenía la potestad de reclamar renta por la explotación del suelo. Aunque Torres acabó siendo destituido, a partir de 1930 el petróleo se convierte en un elemento central en el desarrollo de cualquier programa político o de gobierno en Venezuela. Los propios venezolanos comenzaron a concebirse a sí mismos como ciudadanos de una nación petrolera que se articulaba mediante el Estado.

Conforme pasaba el tiempo la retórica nacional que practicaba Gómez hacía cada vez más evidente lo corrupto que era en realidad su propio gobierno. En ocasiones, los propios extranjeros que lidiaban con la administración comentaban que “Venezuela se maneja como si fuera la hacienda privada de Gómez y su séquito”. Esta forma administrativa generaba tensiones constantes con miembros del gobierno que tenían esperanzas de desarrollar el país política y económicamente y distribuir más las rentas. Irónicamente, cuanto más rico se descubría que era el país en reservas de petróleo más incrementaba la corrupción por parte de los oficiales del gobierno. El incremento de las rentas petrolíferas también tuvo el efecto de consolidar todavía más a Gómez como jefe de gobierno. Aun a pesar de que el poder de Gómez no disminuía, en el país comenzó a formarse un bloque de oposición que se caracterizaba por lo que Fernando Coronil llamaba liberalismo rentista cuya base era la expansión de las rentas petroleras del Estado, donde los intereses de cada persona dependían de la realización de los fines de la nación. Un régimen autocrático había servido de vínculo entre el petróleo y la política. El nuevo proyecto liberal prometía romper ese vínculo y sustituirlo por otro: la democracia”.

 

 

Transición

 

El fin de la Primera Guerra Mundial trajo consigo un pánico generalizado guiado por la noción de que el petróleo estaba en vías de agotamiento. Cómo veremos a lo largo de estos textos, este terror a la escasez petrolífera se convertirá en una especie de pesadilla cíclica que aparece tras periodos de alto consumo. El caso es que los años 30, contrariando la opinión de los catastrofistas que auguraban el fin de la era del crudo, dio lugar al primer pico de oferta global. Este pico venía marcado por varios acontecimientos que ocurrieron en los años 20. Primero, la industria sufrió una transformación tecnológica espectacular que aumentó la rapidez y la cantidad de la producción. En segundo lugar, la incorporación de Venezuela al mercado global y la vuelta de la Unión Soviética a la producción de petróleo trajeron mayores cantidades de crudo al mercado, aumentando la oferta disponible. En este clima previo de super-producción, muchas de las grandes empresas comenzaron a tomar medidas para expandirse en el mercado, y la forma más segura de hacerlo era la de crear una red monopólica desde el upstream hasta el downstream. Como la inversión requerida necesitaba sumas enormes de capital muchas de las pequeñas empresas fueron completamente absorbidas por las grandes firmas dando lugar a un verdadero cartel constituido de manera cuasi-formal en el “As Is” Agreement firmado en 1928 por las siete empresas más grandes del mercado que en el futuro serían apodadas las siete hermanas. El grupo de las siete hermanas estaba formado por la Anglo-Iranian Oil Company (BP), Gulf Oil (Chevron), Royal Dutch Shell, Standard Oil California (SoCal, Chevron), Standard Oil Nueva Jersey (Exxon), Standard Oil Nueva York (Mobil) y Texaco.Este acuerdo sirvió para establecer un status quo entre las diversas compañías y evitar la competencia a la baja para mantener un precio del crudo estable.

 

A pesar de los esfuerzos de las siete hermanas, la crisis de Wall Street del 29 consiguió ser la gota que colmó el vaso. La bajada de precio fue vertiginosa pasando de los 3 dólares en el año de la crisis a unos pocos céntimos en el año 31. La impotencia con la que las empresas veían desmoronarse las operaciones que habían construido durante la última década las obligó a traspasar el control del mercado al gobierno. Franklin D. Roosevelt estableció una serie de cuotas voluntarias de crudo a cada estado que serían fijadas por la Texas Railroad Commission que actuaría desde entonces como mediador decidiendo cuándo se abrirían los grifos petrolíferos. Este sistema de regulación, como indica Leonardo Maugeri, servirá de modelo para la OPEC en un futuro.

 

Al mismo tiempo que transcurría la crisis en Europa y EE.UU, en México; el transcurso de la revolución culminó en una serie de eventos que marcarían el futuro de los países exportadores de crudo. Tras la expulsión de Díaz y las peleas entre el nuevo gobierno revolucionario con las petrolíferas extranjeras, se consolidó un sentimiento nacionalista que se basaba en gran parte en el rechazo a la codicia de los extractores de crudo extranjeros. Este sentimiento popular llevó a la elección de Lorenzo Cárdenas en el año 34, quien tras largos litigios con la Anglo-Dutch Shell consiguió nacionalizar todas las operaciones de crudo y formó la primera compañía petrolera estatal en un país exportador que serviría de modelo para muchas en el futuro: Petróleos Mexicanos o Pemex.

Cárdenas

 

Este acontecimiento no pasó por alto en Venezuela. Tras la muerte de Gómez en el año 35, se inauguró un proceso de transición hacia la democracia que duraría diez años. Durante este tiempo los generales Eleazar López Contreras e Isaías Medina Angarita actuarían como presidentes del gobierno. Ambos fueron rápidos en renunciar la herencia del gomecismo que había conseguido ser tremendamente odiada y rechazada tras la muerte del dictador. Si bien ambos eran hombres del ejército y de inclinaciones conservadoras, supieron percibir el ánimo popular de cambio y adoptaron una posición bastante centrista. Aun así, seguía existiendo aquella oposición que se había gestado en la época de Gómez y veía en estos gobiernos de transición un carácter netamente continuista. Durante este período se crearán los diferentes partidos que formarán parte del paisaje político venezolano y aparecerán las personalidades más destacadas como Rómulo Betancourt. El gobierno de transición llegó a un choque contra el consorcio de crudo extranjero pero al contrario que en México, las obligaciones contractuales contraídas por el régimen gomecista dejaban poca maniobra para sacar beneficio al nuevo estado democrático venezolano. La bajada de precios del crudo no hizo más que agravar la situación y en la mente de muchos venezolanos ya había cristalizado la noción de que no se debía luchar tan sólo por la liberación política sino también económica, que sólo se lograría mediante la inversión de las rentas petrolíferas en el propio país. En efecto, este tipo de reivindicaciones buscaba sembrar el petróleo. Tras las protestas masivas en Febrero de 1936, el gobierno tomó cartas en el asunto y en 1943 se aprobó la Ley de Hidrocarburos. Esta ley, desarrollada por el ministro de fomento Manuel Engaña, establecía que al igual que en EE.UU existía una diferencia contractual entre entes públicos y privados donde el estado soberano podría cambiar siempre que considerara oportuno cualquier impuesto sobre la renta, el gobierno venezolano disponía del mismo derecho a hacerlo. Este cambio enfureció a las compañías extranjeras, quienes acudieron al gobierno de Roosevelt con el objetivo de que forzará al Estado venezolano a ceder. En circunstancias normales es posible que el gobierno americano hubiese accedido, pero en 1943 los EE.UU habían entrado en guerra contra Alemania y Japón en una situación que aparentaba ser desesperada y necesitaban tener disponible cualquier fuente alternativa de crudo por lo que el presidente aconsejo a estas que aceptasen las condiciones. La ley del 43 consiguió renegociar las tasas impositivas que se habían acordado con Gómez, lo que aumentó aún más las arcas del estado y supuso una gran victoria para la imaginación colectiva venezolana que veía como su visión de prosperidad nacional basada en el crudo y el papel del Estado en su administración era reconocida por el cartel petrolífero.

 

Esta victoria, junto a las tímidas reformas del gobierno de Medina, llevaron a muchos de los jóvenes políticos que aspiraban a crear una democracia plena en Venezuela a la exasperación. La urbanización y desarrollo económico fruto de las rentas del crudo habían creado unas expectativas en amplios sectores de la población que parecían no cumplirse. Fue así como el 18 de Octubre de 1945 la oposición, junto con ciertos sectores progresistas del ejército, llevaron a cabo un golpe de estado que obligó a Medina a retirarse y puso a la cabeza de la junta de gobierno a los líderes de Acción Democrática (AD). Rómulo Betancourt fue nombrado presidente de la junta y convocó elecciones para una nueva asamblea constituyente en 1946, trayendo por primera vez el sufragio universal a Venezuela donde competirían AD con la nueva unión cristiano demócrata COPEI y el partido progresista PRD. En 1947 se convocarían elecciones presidenciales donde Rómulo Gallegos sería elegido presidente. Este largo proceso constituyente fue utilizado por las fuerzas de AD para tomar la bandera de fuerza de progreso y democracia dentro de Venezuela dando lugar a lo que conoce como el trienio adeco (1945-48).

Estos procesos históricos coincidieron con el fin de la Segunda Guerra Mundial, un nuevo orden mundial en el cual el petróleo iba a convertirse en la fuente principal de energía. En el próximo artículo retomamos la historia desde este periodo.

 

 

[1] Las referencias a Fernando Coronil aluden a su libro El Estado Mágico: Naturaleza, dinero y modernidad en Venezuela.

 

 

 

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