¿Qué está pasando en México?

Autor: nuestro viejo colega mexicano Guillermo Estefani

 

¿Qué está pasando en México?

Políticamente, es un viraje en contra del fascismo instaurado a través de la escuela neoliberal que comenzó a instaurarse en México desde la década de los 1970s y que finalmente encontró su implementación en 1988 tras unas elecciones manchadas por el fraude electoral.

 

Y es que varios problemas en México son estructuralmente ancestrales, incluido el fascismo que no es nada nuevo en México. La subhumanización de terceros, o la consideración de que hay humanos deluxe es algo que ya se encontraba en las «culturas pre-hispánicas». A pesar de que en 1495 los reyes españoles habían prohibido la esclavitud de nativos, se desarrollaron sistemas de trabajo servil a los indígenas dando lugar a la figura de la “encomienda”, la cuál fue la base para los sistemas de organización y de producción de la Nueva España a través de la designación de “caciques” (supongamos que llegas a un grupo de personas, y en lugar de que ese grupo escoja a quién va a representarlos, tú escoges directamente al nativo más fuerte para que cobre impuestos y administre a sus hermanos nativos). La Nueva España inició como virreinato de 1535 hasta 1821 cuando se proclama la independencia de México.

 

Desde entonces, en México como país naciente lucharon de forma ensangrentada las formas de pensar entre quienes piensan que los mexicanos no son capaces de hacerse cargo de su destino (conservadores) y los liberales: quienes piensan que México podría convertirse en una república democrática. Esta lucha provocó que el país viviera un período de guerras y conflictos internos como el período de la Reforma (1858 a 1861, en la que Juárez logró la separación del poder clerical del poder político), ocupaciones extranjeras, entrega y expropiaciones de recursos a través de la violencia y dictaduras (como la de Porfirio Díaz), cuyo período terminó con el desate de la Guerra de la Revolución Mexicana que inició en 1910 y cuyos efectos de conflicto bélico culminó con la implementación de un sistema Presidencialista a mediados de los años 1920s, que inicialmente fue llevada por ideas progresistas en las que se implementaron medidas de desarrollo social como la educación gratuita, la expropiación de la energía eléctrica y el petróleo para convertirlos en fuentes de ingreso público, y el desarrollo de sistemas de salud.

 

Pese a esto, ninguno de estos conflictos o avances resolvió el problema de fondo, que es una sociedad sometida, acostumbrada a trabajar mucho y exigir poco, a permitir que se atropellen y se vulneren los derechos civiles políticos de la mayoría, y que estos sean avasallados por los derechos económicos de grandes capitales, quienes finalmente encontraron en la hegemonía de un solo partido político (Partido Revolucionario Institucional o PRI), los mecanismos para detentar el poder.

 

Este partido político hegemónico (que surge tras alinear verticalmente movimientos corporativos representativos de los distintos sectores de la sociedad: empresarios, obreros, campesinos) llegó a constituirse como una maquinaria perfectamente aceitada (nota del corrector: jaja que gracia «aceitada», es mejor que engrasada), que cedía espacios de poder, pero que funcionaba bajo los mismos esquemas de la Encomienda. Es decir, que todas las reglas de operación y organización se basaban en la designación de caciques. Esta forma de organización es la base de la corrupción en México, (pues quien recoge impuestos, cobra multas y administra las relaciones, usualmente se queda con una parte de lo recopilado) y no cambió con ninguno de los conflictos armados.

 

Regresando al párrafo inicial, con la llegada de los “Chicago Boys” para tomar las riendas del partido hegemónico e implementar el modelo neoliberal (léase la entrega de bienes públicos a privados, amigos y compadres) o el “capitalismo de cuates”, existe un rompimiento en las bases de dicho partido, conformándose movimientos populares de izquierda que se encontraban fragmentados, y que poco a poco fueron aglutinándose hasta conformar una coalición que en 1988 logra una fuerte legitimidad hacia las elecciones federales, en las que finalmente son derrotados por el partido hegemónico, presuntamente por un arreglo cupular en el que se acusa el fraude electoral.

 

A raíz de las protestas por el fraude de 1988, una parte del partido más conservador (PAN) que había nacido desde movimientos sinarquistas y nacionalsocialistas también se escinde del PAN y se une a las protestas en contra del fraude electoral, mientras otra parte del PAN se une al partido hegemónico para consolidar lo que se conoce como PRIAN (es decir, un sistema político hegemónico, controlado por la misma cúpula, que participa simultáneamente en el mismo juego pero con diferentes participantes).

 

Por ejemplo, con la llegada de Carlos Salinas al poder, en ese año, comenzaron a realizarse varias reformas al sistema económico de México incluyendo la privatización de bancos, aeropuertos, minas, telecomunicaciones y la autonomía del banco central.

Este es Carlos Salinas; tiene un aire a Krilin ¿no? es un poco personaje de Dragon Ball.

En 1994 un político progresista logró posicionarse en la candidatura presidencial del partido hegemónico, pero fue asesinado y sustituido rápidamente por un doctor en economía con poco carisma, quien tuvo que sortear una crisis de balanza de pagos, liberando la moneda mexicana, y con poca oposición, estableciendo un sistema de rescate bancario conocido como FOBAPROA, en el que se convirtió una deuda privada en deuda pública para mantener funcionando el sistema de pagos.

 

Ahora bien, todo el asunto de la política se resume en que existe un capital multinacional que quiere participar del negocio que representa la energía y el petróleo mexicano.

 

Para lograr esto, el PRIAN realizó en el año 2000 una operación política de “Alternancia” donde el jinete sólo cambió de caballo, con miras a lograr la privatización del petróleo y la energía mexicanos, pero al mismo tiempo López Obrador (AMLO), desde una lucha social con campesinos en el sureste mexicano, había estado articulando el resurgimiento de las fuerzas de la izquierda, logrando la legitimación suficiente para convertirse en el alcalde de la ciudad de México, en ese entonces la ciudad más grande del mundo.

 

López Obrador llegó a tal grado de aceptación en su gestión como un eficaz administrador público, que comenzó a ser más relevante su actuar que el del mismo Presidente Vicente Fox, quien utilizó trucos y maniobras para quitarle los derechos políticos y que no pudiera ser candidato a la presidencia para el año 2006.

 

Obrador estuvo a punto de ir a la cárcel, pues se le acusaba de pretender hacer un camino para conectar a un hospital sobre un predio inexistente. El camino nunca se realizó, pero a través de la presión pública, el Presidente desistió del proceso de “desafuero” en contra de Obrador, lo que catapultó a AMLO en las preferencias electorales.

 

Durante esta campaña, el régimen del PRIAN controlado por lo que AMLO llama “la mafia del poder” utilizó todo tipo de artimañas para denostar al movimiento de AMLO (“Es un peligro para México”, “nos convertirá en Venezuela”, “vas a perder todas tus propiedades”) y finalmente, gracias a todas las irregularidades documentadas, y la intervención en los sistemas de cómputo de la autoridad electoral, por un margen un estrecho (menos de 1%), Felipe Calderón del PAN realiza un fraude electoral y se impone en la Presidencia mexicana con la ayuda de las autoridades electorales mexicanas a pesar del clamor de abrir todas las boletas electorales exigiendo reconteo.

 

La falta de legitimidad del nuevo Presidente mexicano Calderón, quien en su campaña se llamaba a sí mismo el “Presidente del Empleo”, lo llevó a utilizar políticas de “mano dura” y militarizar su investidura presidencial para adquirir la legitimidad por medio de la fuerza que no había logrado por medios democráticos. Durante el mandato de Calderón se mantuvo la política neoliberal y se estableció una “guerra contra el narcotráfico” como Proyecto de Nación, que no hizo más que disparar la violencia, los secuestros y las muertes a mano armada, convirtiendo al país en un cementerio con más de 500 mil muertos en su sexenio, y fracasando en su cometido de privatizar el petróleo y la energía mexicana.

En este escenario, surge Peña Nieto, de la camada de un grupo hegemónico político en el Estado de México, llamado “Grupo Atlacomulco”, quien obedece a las órdenes de Salinas y a través de una campaña simpática altamente mediatizada hacia los sectores más vulnerables, y mediante la compra de votos logra la presidencia en 2012 con Obrador como adversario, quien seguía cargando una pesada loza de la guerra sucia mediática de 2006, y además con la traición de sus copartidarios quienes finalmente se alinean al PRIAN, dejando desierta la elección de 2012 de personas que defendieran la elección contra manejos de fraude electoral.

 

Durante el sexenio de Peña Nieto, se logra establecer el “Pacto por México” que no es el alineamiento del resto de los partidos políticos al PRIAN para impulsar las reformas estructurales recomendadas por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Se aprueba la privatización del petróleo mexicano y de la energía eléctrica, mientras todas las personas se reían de los memes y cosas graciosas que hacía el sujeto que ocupaba la Silla Presidencial.

 

Al mismo tiempo, Obrador se reagrupa formando el Movimiento Regeneración Nacional (morena), que inicia a raíz de las bases obradoristas que admiran a AMLO por su lucha social a favor de los desprotegidos, y que no encontraban espacios en los partidos que ya estaban dentro del “Pacto por México”.

 

Desde el año 2006 y hasta las elecciones de 2018, Obrador recorrió varias veces todo el país, municipio por municipio, proponiendo que era momento de la “Cuarta Transformación” (entiéndase después de la Independencia, la Reforma y la Revolución), pero que esta vez tendría que ocurrir por la vía institucional, pacífica y democrática, y desde la organización del pueblo mexicano, en lugar de cupularmente.

 

Se trata de un idealista, muy perseverante, incansable, que se dice de sí mismo liberal, demócrata. Que cree en los mercados, y que proclama que el cáncer de México es la corrupción. AMLO propone que si se acaba con la corrupción del sistema político mexicano, es decir, que se separe el poder político del poder económico, México logrará liberar su potencial y convertirse en un país desarrollado.

 

En las elecciones el Movimiento Regeneración Nacional (morena) logró un apoyo descomunal (más allá del 51% de las votaciones, y el control del poder legislativo), principalmente debido al enojo por la implementación de las reformas, el alza de las gasolinas y del costo de la vida en México aunado al estancamiento económico y la falta de empleos, el hartazgo social de la corrupción, la violencia que se sufre todos los días y los efectos de la corrupción, lo cual provocó la movilización de los jóvenes quienes participaron en la política a través de las redes sociales, poniendo sobre el debate público las conversaciones más allá de la agenda de los medios.

 

El período entre las elecciones de Julio hasta la toma del poder el 1 de diciembre es inusitadamente largo comparado con otros países en el mundo. En este tiempo, estamos gozando de un servidor público hiperactivo, quien al momento ha hecho ya dos ejercicios de consultas pública muy perfectibles con temas que nos interesan a todos.

 

El golpeteo por parte de la “mafia del poder” ha sido constante desde que Obrador fuera designado “presidente electo”. Todos los días, sus propuestas y proyectos son puestos en tela de juicio ya que varios de sus programas sociales están basados en el desarrollo del sur mexicano que está prácticamente empobrecido y olvidado, pero que es riquísimo en recursos naturales.

 

Obrador propone crear “cortinas” de desarrollo económico y social para frenar y revertir los flujos migratorios en México a través de proyectos de desarrollo, con una lógica distinta a la lógica “neoliberal”, y por eso constantemente estos proyectos son atacados por grupos “protofascistas” que surgen en México como resultado del triunfo de morena.

 

 

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