El meollo de la Alta Philosophia

Autor: Ismael Crespo Amine
Kant es como el Platón de la Goethezeit: un filósofo que no pega con su época, y que sin embargo se convierte en el filósofo más representativo de su tiempo. Así comenzaba un post con el que quería destacar las querellas entre antiguos y modernos en España, Francia y Alemania. Al final se me fue de las manos, pero el resultado me ha resultado agradable a los sentidos, al entendimiento y a la Razón, luego mi libre albedrío actuó según principios, y pensé que si a mi me impresionaba, debía compartir con el mundo tan excelsa reflexión, nacida de la célebre pluma incólume que tanta fama y dinero me ha logrado.

I. Platón

Platón se sabía junto a Parménides contra todo -o prácticamente todo- el helenismo coetáneo (lo que pasa es que a pesar de ser solamente un aliado, Parménides da para valerse en el combate); un helenismo para el cual el ser de las cosas era algo previo al ser mar, ser cielo o ser una liebre (donde había algo «común» -en término robado a Heráclito- o un «todo» en sentido de Parménides, en definitiva: «un allí de donde todo tiene su arjé*; hoy se diría: algo sobre lo cual se funda la individuación de la entidad»). 

Aclaración sobre el significado de Arjé

*Arjé no significa que «x» (lo que sea) fue anterior a tal cosa en sentido cronológico, temporal. Eso significaría que la semilla es el arjé del árbol. El arjé tiene que ver, por de pronto, con lo «constitutivo», con lo «proté phúsein», lo primero: lo que rige la cosa desde su nacimiento hasta su muerte. Pensemos, como ilustración, en el A.D.N.: uno no tiene su arjé porque haya salido de su A.D.N. sino que tu A.D.N. es, como por así decir, lo que te «rige», lo que tiene el dominio de tu ser. La diferencia es que el A.D.N. solo tiene el dominio de ti mismo pero en un sentido muy limitado (en un sentido «regional», en el sentido en el que eres un bicho; pero el A.D.N. no explica la totalidad de lo que eres: y el arjé si tenía esa pretensión, si bien para un griego las cosas eran más sencillas que para nosotros) En realidad, ese término, el arjé, suena a «ancestral», término arcaico y remoto, etéreo hasta cierto punto, pero se trata de una cuestión fundamental: la cuestión por el «en qué consiste» «qué hace esto»

Caso de Parménides, Heráclito y Aristóteles

¿Qué hace esta taza de café que tengo delante ahora mismo? Pues «ser», en primer lugar, porque se es siendo, y esto es lo primero que podemos decir de algo, porque no podemos decir que «no es», esta taza es algo. ¿Ahora bien, no es el ser «eterno e imperecedero»? ¿qué significa esto? Puede significar varias cosas, después de meditarlo mucho creo que hay dos opciones:
Iba a dejar la segunda opción, porque la primera se puede tirar a la basura, pero luego pensé en dejar la 1º opción como cartel de «Lasciate ogni speranza, voi ch’entrate»
(1) Aunque se rompa esta taza, acabe en Alpha Centauri, o lo que sea,  nunca podrá no-ser en tanto que ya ha sido: y por lo tanto lo que es ilusorio es el tiempo. Es como si todos los instantes fueran a la vez. Esta es la manera en la que yo resolvería cierta interpretación de Parménides, más que negando la discontinuidad del mundo, la separación de las cosas o la realidad del movimiento. Aunque me inclino a pensar que los tiros no van por aquí.  En principio, cuando hablamos de Parménides, hay que dejar a Zenón de lado (de hecho, hay que sospechar de que Zenón se enterase de lo que iba el poema) Y cualquier interpretación de este tipo suena demasiado a «paja mental», lo que dijeron los griegos suele ser algo que no podemos negar en cierta manera, algo que resulta evidente pero a su manera «profundo». Por supuesto, quienes piensen en un «todo compacto» a la manera de una plasta de ser o algo así que huyan de esa idea lo antes posible.
(2) o porque lo único que hace «aquello de lo que está hecho la taza» es cambiar de lugar, y las piececillas de la taza, esparcidas por el cosmos, siguen «siendo algo»: luego nunca se rompe la cadena del ser.
Me imagino que yo mismo, independientemente de que sea un ente muy especial -un humano-, acabaré perdiendo la vida dentro de poco, y «mi cuerpo muerto» se esparcirá, como supongo que lo hará  nuestro Planeta, y tal vez el Universo entero. Lo loco, además, de todo esto, es que todo apunta a que el Universo no es ni eterno, ni que tiene ciclos de expansión-contracción, es decir: que este Universo, que es único -no puede haber varios-
Otra cosa es que alguien pensara, a fecha actual, que puede haber entidades cuyo ser consista en no ser. Aquí habría que hacer dos precisiones, a saber: (1) que en la lengua castellana actual hay una diferencia entre «ser» y «existir», y (2) que «ser» no está contrapuesto a «nada» en sentido «material». Esto es un problema para «traducir» el poema, porque para Parménides no había esta dislocación ser-existir.
Veamos esto: un «unicornio» ES un «unicornio», el problema es que no existe (bueno, «el problema» -es una forma de hablar, a mi me da igual que no haya unicornios); la antimateria «existe» y «es», las dos cosas, aunque precisamente su «ser» consiste en ser de una manera específica (y aquí se puede entrar a hablar del ultra-vacío, la energía del punto cero y cuestiones de física -lo que pasa es que sin matemáticas la física es una mentira, así que mejor dejar este asunto aquí: pues lo que precisamente intento decir es que el tema no es que Parménides sea más o menos actual por una teoría cosmológica, sino por cambios producidos en el seno mismo del campo de la Ontología)
¡otra aclaración! «ser» no es simplemente ser un concepto mental -no lo es así en Parménides-. En efecto, una vez hemos quitado la «existencia» (otro término oscuro aún hoy, que ha sido discutido con gran énfasis en la Filosofía Analítica después de McTaggart y en el Continente tras el 4º Schelling)
Expliquemos esta diferencia respecto a «la mayoría de los helenos»: para Platón, el ser de algo (ser-A), se agota en su aparecer como tal cosa siempre y cuando se cumpla la condición de que esa cosa sea un buen ejemplar (ser un buen-A). Por cierto que toda cosa es siempre un buen ejemplar (una buena madera puede dejar de ser, en tanto «materia» -lo incognoscible- una buena mesa; en ningún momento ha sido una mala madera en tanto tronco de árbol, cuando era árbol era buen árbol, y precisamente por ser todo A, B, o C, un buen-A, un buen-B-o un buen-C. la idea suprema (la condición de posibilidad de que haya A, B o C) es precisamente la idea de Bien. Lo que pasa, ¡ay! es que nosotros somos postmodernos, y podemos ver una piedra y decir: «eso puede ser una mesa», «eso puede ser lo que tú quieras que sea» (en efecto, el triunfo de la Voluntad -lo que uno quiera- frente al ser de las cosas -posición dominante en Filosofía desde Occam hasta Schelling-Nietzsche) Esto puede sonar como «condenatorio»: pero es meramente descriptivo, es así: todo puede ser lo que quieres que sea, y tú mismo, si apretas botones, puedes convertirte en lo que sea respecto a las posibilidades de la técnica de tu tiempo. 
sino que ser era en un primer momento «aparecer-salir a la luz» (como algo previo a ser-X) «luchar para aparecer» (como condición de posibilidad de que haya cosas) o «luchar para alcanzar el ser que es propio» (por lo menos el arjé de la región de cosas que eran phúsei en Aristóteles)
Digamos que en todos los filósofos posteriores (y los poetas, la klassic, etc.) hay un cierto anhelo de coherencia histórica respecto al pasado, o una cierta nostalgia por algo que parece escindido (incluso constitutivamente en el sujeto, en el juicio y en el lenguaje); esa escisión o anhelo puede sublimarse en Grecia hasta llegar al paroxismo, una Grecia que no es la ñoñería de Winckelmann, sino algo más cercano a la Kultur en su versión luminosa o al «abismo dionisiaco» en la versión tardía de Röhde-Nietzsche-Burckhardt. Pero Kant no, Kant miró siempre hacia adelante y siempre partió de la base de que el Arjé es la Guerra y esta es el padre de todas las cosas (secreto de todo buen filósofo meta-irónico). Esa guerra está precisamente fundada en la finitud de la Razón, en su lucha con la cosa (la cosa que es para-sí precisamente porque ella misma aparece) También está fundada en el terreno de la Moral y finalmente, hay una guerra imposible respecto a la finitud del actuar humano respecto al sumo bien. El concepto fundamental de Kant es el de finitud, una finitud que nos hace estar siempre en guerra (a todos los niveles posibles, epistemológico-ontológico, moral-axiológico e incluso en la teodicea racional) El problema de Kant es que se centra en lo «micro», y por eso su guerra tiene mucho de cotidiana, para Kant, «el paraíso» se encuentra en pequeños detalles, e incluso el Derecho ha de estar subrogado a permitir la realización de la ley moral (esta respuesta es originalisima dentro de los debates jurídicos, por cierto) El problema de Kant es que no llevó hasta el final la idea de Guerra, aunque en realidad este punto (sobre los últimos escritos de la Paz Perpetua hay múltiples interpretaciones para nada desdeñables)
 
 
Un cierto camino intermedio hubiera sido Hegel, que precisamente comenzó, con 18 años, escribiendo «sobre antiguos y modernos» para dar su respuesta, la respuesta Alemana -post-guerra de los 7 años- una vez que los franceses dieron la suya -lucha de clases (Pierre le Pesant de Boisguillebert) y los españoles, cuyo interpreta era Cristóbal de Villalón, la suya: España es tanto de tanto, que tanto de nada. Toda potencia entra en esa crisis, y cada uno la pasa como puede, aquí tenemos El Quijote, en Francia la Ilustración, en Alemania la GoetheZeit. Lo que pasa es que Alemania es una Nación Tardía; y España es una Nación Temprana.

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