Por qué es imposible ahorrar.

Autor: el bueno de Marcos Sánchez Muriel.

El mito del ahorro

El ahorro es una de las virtudes cardinales de la ética liberal. Es uno de los atributos heroicos que distingue a los emprendedores-triunfadores de los pobres. En el plano macro, el ahorro es la causa del aumento de la riqueza. Si todos ahorráramos, seríamos pronto mucho más ricos. También el Estado debe ahorrar: nada de déficits insostenibles, hay que buscar el equilibrio presupuestario o, mejor aún, el superávit.

Esta visión es profundamente incoherente y demuestra una incomprensión total del funcionamiento de los sistemas monetarios-bancarios modernos. Como consejo personal, puede ser acertado recomendar el ahorro, pero como receta macroeconómica no solo es errada, sino que es imposible. Una persona o un sector puede ahorrar; todos a la vez, no.

Detrás de toda la basura intelectual que se desprende del imaginario del ahorrador sólo hay consejos de la abuela y máximas de tebeo. Mas eso no significa que todo economista defensor del ahorro sea un plebeyo sin más, puede defender dicha posición -pero desde la perspectiva de que a día de hoy es IMPOSIBLE ahorrar-.

Supongamos que ahorras un dinero. ¿De dónde lo has sacado? Te lo pagó tu jefe en concepto de salario. Tu jefe tuvo que gastarse ese dinero en tu salario para que tú lo pudieras ahorrar. ¿Y tu jefe de dónde lo sacó? De alguien que compró lo que sea que venda su empresa. Esa persona tuvo que gastarse ese dinero para que tú lo pudieras ahorrar. Pero lo más interesante es que, si seguimos tirando del hilo, el dinero en última instancia solo tiene dos orígenes: un préstamo bancario o un pago del gobierno.

Préstamos bancarios

Examinemos la primera opción. El dinero que has ahorrado no solo viene del gasto de otra persona sino que, peor aún, viene de alguien que tuvo que endeudarse para gastar. ¿Y el banco de dónde sacó el dinero? De ningún lado, lo creó allí mismo cuando decidió conceder el préstamo. Un empleado en la oficina del banco cogió el ordenador y tecleó en la cuenta del fulano la cifra correspondiente al préstamo. Son los créditos bancarios los que crean los depósitos, y no al revés (esto lo veremos con detenimiento en otro artículo, junto con los factores que ponen límites a la expansión crediticia). Por tanto, por cada depósito que se crea hay una deuda equivalente. Así se crea la mayor parte del dinero en nuestros sistemas monetarios.

Pagos del Gobierno (que es lo máximamente «Serio» y «Gobernable» respecto al Ser)

Veamos la otra opción, un pago del gobierno. Si el gobierno paga al sector privado la misma cantidad que le quita mediante impuestos (o incluso los impuestos superan al gasto), el sector privado no ahorra nada de nada en balance (o incluso desahorra). Si el gobierno gasta más de lo que recauda, el sector privado ahorra, pero a costa del déficit del gobierno (nota de Isma: además esto subiría los tipos de interés según el modelo clásico de economía cerrada y de precios flexibles, lo cual tiende a disminuir la inversión).

Es decir, el ahorro del sector privado es equivalente al déficit del gobierno. Es cierto que estamos ignorando el sector internacional, pero con el sector internacional pasa lo mismo. Podemos ahorrar teniendo superávits con otros países, pero esos otros países tienen que tener un déficit con nosotros. (nota de Isma: en efecto, ahora Marcos está hablando de «economía cerrada», para quien desconozca esto, básicamente en una explicación de economía cerrada no se tiene en cuenta importaciones o exportaciones, y en economía abierta así. Aún así, que sea abierta o no es irrelevante para el argumento que defiende el bueno de Marcos )

¿Y el gobierno de dónde saca el dinero? Pues depende de si es emisor de su propia moneda, como Estados Unidos, Inglaterra, Japón, China y la mayoría de países. En este caso, el gobierno solo tiene que apuntar numeritos en un ordenador del Banco Central. En caso de usar moneda extranjera, como Ecuador que usa el dólar, o de estar en el Euro, la situación es más compleja y sujeta a limitaciones. (Otra nota: quien esté interesado en este fenómeno que busque «dolarización»)

Es posible que políticamente se impongan diversos límites a la capacidad emisora del gobierno, pero esta es una restricción meramente política, no técnica ni económica. Es lo mismo que un Estado que decide prohibirse a sí mismo tener fuerzas armadas, y con similares consecuencias para su soberanía (de nuevo, lo veremos con detalle en el artículo sobre el sistema monetario-bancario). (Nota: Por ejemplo, el señoriaje que recibe el gobierno por acrecentar la masa monetaria puede producir inflación, y con ello aumentar el coste en suela de zapatos, el coste de menú, problemas en la recaudación de impuestos, desórdenes entre acreedores y deudores, etc. A esto se refiere Marcos cuando dice «políticamente», en última instancia, se trata de una decisión -no de una imposibilidad técnica)

Todo ahorro es deuda o

En suma, el gasto deficitario, es decir, la deuda, es anterior al ahorro y lo que es mas irónico: su condición de posibilidad. En todo caso, el balance global neto será cero, es decir, cada activo financiero (ahorro) está contrarrestado por un pasivo financiero (deuda).

(Para entender completamente lo expuesto hasta aquí, recomiendo el manual de Randall Wray, Modern Money Theory, con traducción en español.)

 

Es más, si los individuos del sector privado deciden en masa aumentar el ahorro, se produce la paradoja del ahorro, formulada por Keynes. Funciona así: unos cuantos deciden ahorrar y dejan de ir al bar. El dueño del bar no tiene negocio y despide a dos camareros que tenía contratados. Esos dos camareros pierden sus ingresos y reducen drásticamente su gasto… y así en una espiral de descenso de la demanda, desempleo y recesión. También la inversión desciende, pues tal como ven el patio los empresarios no se atreven a invertir, lo que contribuye a empeorar la situación. Finalmente, los que empezaron queriendo ahorrar terminan perdiendo su empleo.

(Nota de Isma: en los manuales que estudia todo hijo de vecino, como el Mankew de Macroeconomía se suele decir que cuando disminuye la demanda de crédito, debido a una falta de inversión, entonces bajan los tipos de interés. Los tipos de interés bajo entonces mueve la demanda hasta el sacro-santo punto de equilibrio. Nótese la ironía)

En teoría (!) solo el Estado puede romper esta dinámica aumentando su gasto, es decir, incurriendo en déficits cuando los agentes privados no pueden o no quieren gastar. Este tipo de acción se llama contracíclica, que significa que va a contracorriente del momento del ciclo económico. Parte de este ajuste se lleva a cabo mediante los llamados estabilizadores automáticos, como las prestaciones por desempleo, que evitan que los recién despedidos se queden a 0 ingresos, con lo que se ayuda a sostener la demanda agregada. Pero, con frecuencia, esto no será suficiente y habrá que aumentar el gasto deficitario del gobierno aún más.

El «ahorro» como condición de posibilidad de la inversión dentro del marco macroeconómico

Hay una definición de ahorro que sí que merece nuestra atención y que es coherente, pero que está bastante alejada del concepto convencional de ahorro y además no es relevante para nuestra situación actual. Según esta definición, el ahorro es la restricción del consumo para orientar esos recursos a la inversión en capital fijo, es decir, una inversión que aumente la capacidad productiva de la economía.

Esto es muy cierto y se ha practicado a conciencia a lo largo de la historia, pero por vías muy poco liberales, como no podía ser de otra manera. En tiempos antiguos, la renta per cápita estaba apenas por encima del nivel de subsistencia, por lo que los excedentes que se podían dedicar a la producción de capital fijo eran muy escasos. La única solución era someter a la mayor parte de la población a una austeridad penosa o, mejor todavía, a la esclavitud. Estos son los orígenes del capitalismo y la revolución industrial, sobre los que descansa nuestro actual nivel de vida.

Los esclavos negros de Estados Unidos proporcionaron la materia prima baratísima, el algodón, que impulsó la primera revolución industrial. Los salarios y condiciones de los obreros ingleses se encontraban sólo ligeramente por encima del nivel de subsistencia. A ello hay que añadir el colonialismo, que proporcionaba a la fuerza mercados y materias primas.

La necesidad de redirigir recursos del consumo a la inversión es característica en los procesos de industrialización. Stalin también lo hizo en la URSS: exportó grano, prácticamente lo único que podía exportar, para obtener divisas (monedas usadas en el comercio internacional, como el dólar o el euro en la actualidad) para importar maquinaria y bienes de capital que impulsaran la industrialización. La pena fue que los campesinos se quedaron sin comer y murieron varios millones. Y los obreros, por su parte, fueron reducidos a poco menos que la esclavitud. Pero la industrialización fue un éxito.

Otros casos son menos brutales, pero coinciden en la necesidad de redirigir recursos del consumo a la inversión. Por ejemplo, Corea del Sur durante su milagro económico impuso aranceles, cuotas y restricciones severas a la importación de bienes de consumo. Todo ello implicaba restringir el consumo (y, por tanto, un coste para la población) para concentrar los recursos en la inversión.

Nota de Isma: La «acumulación socialista de capital» representó, de facto, la salida definitiva de la URSS del comunismo (aunque hay que rastrear el fin del comunismo real en la consolidación de la NEP tras el «comunismo de guerra»). En otro lugar escribí sobre cómo esta industrialización forzosa fue la causa de la maquinaria propagandística de la URSS, el culto al líder y el terror de aparato. (en Homo Velamine, «del stalinismo del PP» https://www.homovelamine.com/del-stalinismo-del-pp-la-revolucion/)

Estos casos son ejemplos de ahorro en el sentido antes comentado, y permitieron desarrollos industriales portentosos. Tienen en común, además, ser exactamente lo opuesto al liberalismo, ya que fue un ahorro forzado centralmente y en general con abundantes dosis de violencia.

El problema actual no es que falte ahorro

En cambio, en las economías capitalistas-industriales maduras, como las nuestras, y hasta que llegue el colapso ambiental por varios frentes, el problema suele ser una falta de demanda, no que la producción haya llegado al tope y aun así apenas de para cubrir el consumo básico. En España es bastante obvio: tenemos un 15% de paro, y hemos llegado a tener más de un 25% en las profundidades de la crisis. ¿Alguien cree que con un cuarto de la población activa en paro la economía ya no daba más de sí? No tiene ningún sentido desviar recursos del consumo a la inversión cuando tenemos enormes cantidades de recursos ociosos. Una vez lleguemos a emplear todos los factores productivos y aun así queramos invertir más, entonces podemos plantearnos reducir el consumo, pero no antes (por supuesto, estamos ignorando la cuestión ambiental y la necesidad de decrecimiento). Por este motivo, esa definición de ahorro que hemos examinado, aunque coherente, no se aplica a nuestro caso. Y, por lo mismo, se ve de inmediato lo absurdas que son las políticas de austeridad.

La austeridad reduce el consumo y la inversión directamente, pues el Estado recorta el gasto en ambas; y también indirectamente, pues la reducción del gasto estatal echa más leña al fuego de la espiral descendente de demanda agregada. ¿Y si ahorrar no es para invertir, entonces para qué sirve? Al menos cuando Stalin restringió a nivel genocida el consumo, sirvió para aumentar la inversión.

Juan Ramón Rallo ofrece una versión según la cual el ahorro de los individuos es beneficioso en una economía como la nuestra y permite aumentar la inversión. Podéis consultarlo aquí:

http://juanramonrallo.com/2011/04/el-capitalismo-depende-del-ahorro-no-del-consumo/index.html

Según Rallo, cuando los consumidores reducen el consumo, las empresas lo que entienden es que les están demandando bienes de mayor calidad o más baratos, de modo que invierten en mejorar sus productos o producir más barato, y para ello emplean los fondos que el ahorro ha dejado disponibles (para empezar, no funcionan así nuestros sistemas bancarios).

El problema es que cuando se reduce el consumo es cuando menos piensan en invertir las empresas. Y, aunque inviertan, nada garantiza que lo hagan en el sector productivo; es frecuente que prefieran invertir en el sector financiero especulativo (incluida la vivienda). De hecho, desde que empezó el siglo han aumentado los ahorros de las corporaciones al tiempo que han reducido su inversión. Y esto se agudizó tras la crisis. Tras años de liberalismo y desigualdad creciente, nuestras economías sufren una carencia crónica de demanda (consumo) que se suple malamente con burbujas de deuda de los hogares. Las corporaciones están sentadas sobre montañas de dinero, pero no ven nada claro lo de invertir.

 

(Sobre estas montañas de dinero sin invertir:
https://www.oecd.org/eco/outlook/39727868.pdf
https://www.stlouisfed.org/publications/regional-economist/january-2013/why-are-corporations-holding-so-much-cash
https://im.ft-static.com/content/images/287d12ca-7155-11e2-9056-00144feab49a.pdf)

 

A modo de conclusión

En una economía de mercado debe haber un equilibrio entre consumo e inversión. Solo un consumo robusto estimula la inversión por parte de las empresas, que prevén entonces que sus productos se venderán (nótese que una economía de tipo soviético no tiene esta limitación, el Estado puede invertir con el consumo bajo mínimos, pues su objetivo es la pura industrialización, no los beneficios). Si reducimos el consumo, esos recursos no se desvían automáticamente hacia la inversión (solo el Estado tendría esa capacidad de coordinación), sino que suelen quedar ociosos, como nos lleva pasando desde hace años.

Es más, hay muchos motivos que llevan al sector privado a infrainvertir sistemáticamente, algo reconocido perfectamente incluso en el pensamiento económico ortodoxo. Se habla de fallo de mercado. Ocurre con inversiones a largo plazo o demasiado arriesgadas, aunque muy convenientes desde el punto de vista general. Por suerte, no vivimos en economías de mercado más que de forma parcial y muy sesgada, y el Estado interviene masivamente invirtiendo en infraestructuras, educación, investigación y los procesos de industrialización (profundizaré sobre esto en el futuro).

 

Sobre el fallo de mercado en la investigación:
http://www.eib.org/attachments/efs/the_knowledge_economy_in_europe.pdf

 

Sobre el fallo de mercado en los estadios iniciales de industrialización, 5.4 The case for state ownership, p. 99:
https://analepsis.files.wordpress.com/2011/08/ha-joon-chang-bad-samaritans.pdf

Fin.

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