Brasil 1994

Autor: Ismael Crespo Amine

Sumario:

  1. -Introducción
  2. -La inflación desde el punto de vista económico
  3. -Brasil durante el tiempo previo al  Plan Real de Cardoso

Breve excurso filosófico sobre la dificultad y la importancia de la materia aquí tratada

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Como habrán comprobado, a cada segundo enormes movimientos económicos tienen lugar, movimientos que quedan por completo fuera del alcance de la comprensión del ciudadano medio. Estos son los movimientos que generan tendencias (trends) capaces de hundir un país, o varios, durante décadas, en crisis profundas y «décadas perdidas» (como la que tuvo América Latina en los años 80). Muchas de esas tendencias tienen causas políticas concretas, incluso hay quien afirma que no habría que interpretar las crisis económicas como eventos cíclicos e inevitables en función del propio funcionamiento del capitalismo.

En todo caso, son cuestiones que desbordan por completo al individuo concreto, que no es sino un mero átomo de carne en esa madeja de números y dígitos danzarines. Se pudiera pensar, incluso, que la vida de cada persona se halla impotente ante los fenómenos económicos casi de la misma manera que los habitantes de la Antigüedad estaban completamente subrogados a los fenómenos naturales como sequías, inundaciones, volcanes o terremotos. Y como aquellos remotos fenómenos (que siguen existiendo, aunque progresivamente controlados por la acción tecnológica del ser humano), estos bulliciosos números también despiertan sus peculiares mitologías y sus explicaciones mágicas. Y no es para menos, muchas de las cosas que pensamos sobre la economía son análogas a lo que pensaba un griego sobre Zeus; mas compárese las nociones vulgares de economía respecto a la moderna climatología.

A veces, para pensar el papel que cumplen los individuos en las madejas estructurales sujetas a movimientos bruscos y violentos, paradojas o -término cada vez más de moda- feedbacks retroactivos, tiendo a imaginar la «estructura» como un mar violento en el cual actúa una tempestad. En esas condiciones, cada unidad familiar o persona no deja de ser un barco. Algunos, los de acero, resisten a los embates de las olas, otros barcos, de madera o incluso de cartón, te arrastran al lumpenproletariado, de donde seguramente no podrás salir nunca hasta la hora de la muerte.

Uno de esos ciclos o trends es lo que se conoce como «ciclo inflacionario sin tendencia al equilibrio», esto es: la hiperinflación, y esta te puede llevar a la Segunda Guerra Mundial de cabeza, una guerra en la que ni pinchas ni cortas, pero en la que seguramente muera toda tu familia sin que nadie sepa muy bien qué carajo está haciendo. Pues bien, en los años 80, países como Nicaragua, Perú, Bolivia, Argentina y Brasil padecieron este mal, célebre por los estragos que produjo en la Alemania de 1921-23. Y Latino América se convirtió en una especie de laboratorio, donde se desarrollaron políticas tanto exitosas como malogradas. He aquí una primera pregunta, extremadamente difícil de contestar, si una hiperinflación te puede llegar a un Hitler, ¿a qué situación social y política llevó la hiperinflación de los años 80 en América Latina?

En el siguiente artículo nos centraremos en la historia  de Brasil durante esa década, sólo así podremos comprender los resultados electorales de las elecciones presidenciales de Brasil de 1994 del 3 de octubre, en las cuales ganó Fernando Henrique Cardoso (54,27% de los votos) a su contrincante petista Luis Inacio Lula da Silva (27,04% de los votos). Y es que Cardoso había sido el ministro de hacienda encargado en el anterior gobierno de lanzar el célebre Plan Real, que consiguió reducir la hiperinflación, lo cual aumentó el poder adquisitivo de las familias brasileñas, alejando a muchas de ellas de la pobreza. Desde entonces y durante muchos años, Brasil se convertiría en un país pujante en lo económico hasta su crisis de 2014-2016, en el cual su PIB per cápita cayó 11 por ciento, y su tasa de desempleo alcanzó casi el 12%. Y ese es el momento en el que estamos ahora, con Jair Bolsonaro a las puertas.

Habría que hacer aquí un pequeño apunte, si bien después del Plan Real la economía brasileña volvió a crecer, no lo hizo al mismo ritmo que en la época del así llamado «milagro brasileño». Algunos economistas, y no precisamente marginales, han intentado demostrar que si bien la hiperinflación es un «dragón» terrible que hay que vencer como sea, una tasa pequeña (del 9%-10% anual, o incluso del 20% puede llegar a ser deseable). Esto es, el Plan Real funcionó, pero «contagió» la gobernanza de la moneda con espíritu estricto de los alemanes (para los cuales la tasa de inflación ha de estar idealmente a 0%, aunque actualmente está fijada en torno al 2%)

Puedo figurarme, llegados a este punto, la pregunta del lector, inquieto por el auge del fascismo en la 5º economía mundial, y justo después de todo lo que ha sucedido en Europa y los Estados Unidos de América: ¿Hace falta remontarse tanto para llegar a comprender lo que estaba sucediendo en el presente con Bolsonaro? Supongo que nunca es suficiente si lo que se pretende es tener una visión con perspectiva. Piénsese la importancia que tiene para Bolsonaro el imaginario simbólico y político de la dictadura brasileña de Castelo Branco, o imagínese intentar explicar el presente español sin tener en cuenta la dictadura franquista, o aún más la guerra civil. ¿Y se puede entender la España actual sin contar con una buena historia del siglo XIX? ¿Acaso no reconocemos en el «15-M» un reflejo de la Vicalvarada de 1854? ¿y no entendemos acaso el bipartidismo como algo consustancial a la crisis de representación inherente a la «ciudadanía española» respecto a las facciones de partidos políticos? En efecto, casi habría que hacer como Hegel, y tratar de comprender cada instante del presente como un momento más en esa holística concepción del todo como un entramado bien tejido, en el cual no sólo la mirada del historiador o del economista tienen algo que decir, sino también la mirada de los científicos, ingenieros, inversores, sindicalistas, trabajadores cualificados, artistas y escritorzuelos y tantos otros.

Puede que la comparación entre 15-M y Vicalvarada a muchos les haya parecido exagerada. No lo es, desde luego, para Pablo Sánchez León, el cual no establece la analogía de manera arbitraria. Y es que la pregunta debiera ser: ¿qué hay en común o que queda del siglo XIX en el siglo XXI para que en España sigan pasando cosas similares en cuanto a crisis de representación se refiere?

Por ejemplo, para conocer la realidad de Brasil hay que disponer de una buena teoría de la inflación, el problema es que un keynesiano te va a decir una cosa; un monetarista, otra por completo diferente. Y esto sin contar con que no es que haya sólo interpretaciones diferentes de los mismos fenómenos, sino que hay dentro del fenómeno de inflación, varios tipos de sub-fenómenos, o tipos-clases de inflación. El problema es que uno no puede ser como Sexto Empírico, un auténtico escéptico que encuentre la felicidad en el no decidir-se (uno mismo) respecto a una postura teórica. Aquí el escepticismo duele (por decirlo a la manera de los poetas malos)

Pero vamos a ir todavía más allá, imaginemos (y sólo imaginemos) que una de las posturas respecto a la inflación es la que nos sirve. Algunos afirman, y puede que haya algo de eso, que la hiperinflación se debe al hecho de que un país deja de ofrecer tantas mercancías como antes por un desplome de precios que hace insostenible una expansión de la producción. Esto se debería a la postre por la destrucción de su tejido productivo. Este sería el caso de la Alemania de Weimar o de algunos países del todavía-no-bloque-del-Este en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial (el caso más conocido es Hungría, país en el cual cada 24 horas los precios se duplicaban). Casos de guerra, destrucción y ocupación extranjera. Otro caso reciente, el de Zimbabue: el dictador de este país, que es un cerdo, expropió a los terratenientes y trabajadores de sus tierras para repartir el botín entre el nicho de piratas y ladrones que es su cortijo, automáticamente Zimbabue -otrora «granero de África» se convirtió en el país más miserable del continente (lo cual es más doloroso por cuanto para África en general las cosas comienzan a ir mejor gracias a los planes de inversión de China -cosa de la que habrá que hablar en un futuro-)

Pero si esta teoría fuese cierta, también debiera explicar la situación de América Latina de los años 80, y entonces habría que saber qué productos dejaron de ser cruciales, productos como el estaño, el cobre, la plata, el plomo, el café y especialmente el petróleo, cuya producción se paralizó en los países árabes durante los 70, lo cual tuvo algún efecto en las petroleras brasileñas.

Además esto sólo puede ser comprendido y entendido, a su vez, si comprendemos el funcionamiento normal de la industria del petróleo, o si entendemos las causas de que se exportara menos café. ¿Pero qué sabemos nosotros del café? Pues por paradójico que pueda sonar, alguien no puede dedicarse a analizar su tiempo si no tiene una buena historia de la producción del café. Yo aún sigo pensando que las causas profundas que explican nuestro tiempo han de hallarse en una tecnología que se inventó a mediados del siglo XIX, el telégrafo, en la expansión hacia el oeste de los EE. UU (teniendo muy en cuenta la información que se necesitaba para la coordinación del tejido de ferrocarriles y de la industria del acero). Al final la economía te remite a la dialéctica teórica, en la cual los argumentos y los datos han de analizarse fríamente, y con cierto paladar pragmatista, para poder llegar a una decisión respecto al cómo analizamos algo; para luego acabar desbordando el terreno económico y la dialéctica de las ideas en el puro fango de la historia y la materia en bruto.

No quería dejar de recomendar este libro, en el cual se hace la historia desde el telégrafo hasta prácticamente el presente.

Así, por seguir enredando y complejizando lo que ya de por sí se va de las manos (y además ya de una manera completamente vil y gratuita), el precio del petróleo oscila a lo largo del tiempo, y el coste de producción del barril del petróleo es diferente en cada región. En Irak, Irán o Arabia Saudí el petróleo es muy barato por los bajos costes necesarios para su extracción, pero en Venezuela o en Escocia, por las peculiaridades del material (puede costar mucho refinarlo) o la especificidad del lugar de extracción (puede costar mucho construir plataformas marítimas) el petróleo sale caro. ¿Qué sucederá cuando el precio del barril sea alto? Que la economía venezolana irá mejor y que los independentistas escoceses tendrán la manera de mantener su sistema de bienestar aún a pesar de romper con el Reino Unido. ¿Y si por el contrario el precio del petróleo baja? Pues que Venezuela, aun siendo el país con mayores reservas del mundo, tendrá que importar barriles del extranjero y los independistas se lo pensarán dos veces. Después de este tipo de causas, se encuentran los meros opinólogos, que se dedican a hablar de lucha de civilizaciones, de ideologías o de discursos. Como si los intelectuales orgánicos del presente fuesen precisamente la casta de sacerdotes (periodistas, historiadores, filósofos, opinólogos) y no más bien precisamente los ingenieros, los economistas o los expertos en telecomunicaciones.

Pero yendo incluso más allá de las meras gráficas y curvas, ¿acaso no es importante conocer cómo se refina finalmente el petróleo por compañías como Shell? El petróleo saudí, por ejemplo, se mezcla con el canadiense y el estadounidense, dada la naturaleza de la mezcla. Además, motivos militares y políticos incentivan subidas o cortes en la producción, lo cual complejiza todavía más el asunto. Sin duda, conocer tantas y tan distintas variables constituye hoy la antesala de la extenuación del concepto. A no ser, claro, que el problema de la hiperinflación se trate exclusivamente de un fenómeno monetario, que maneje unas pocas variables. Y realmente no faltan aquellos que creen, de manera un tanto infantil, en mi opinión, que la culpa exclusiva de la inflación es siempre la culpa de que el Estado devalúe la moneda y el Banco Central se ponga a imprimir billete y a lanzarlo como en los videoclips de rap. Ni Adam Smith pensaba así, como mostraré más adelante.

¿Pero la tesis simple acabaría con la complejidad de todo este asunto? ¿El problema de que el valor del dinero sea cada vez menor se debe a que la malvada casta de políticos de un Estado imprime billete sin más ni más? ¿Sólo hace falta tener en cuenta unas pocas variables dentro de una ecuación que explique lo que es la inflación? Pues ni aun aceptando una tesis sencilla que explique la inflación comprenderemos la inflación concreta, la que se da efectivamente en un sitio. El modelo sólo dará la explicación general del fenómeno, como la gravedad explica que todo cuerpo caiga al suelo; mas aun así quedaría saber si la maceta cayó por un rayo, por la lluvia, o porque alguien le dio un golpe.

Por otra parte, quería subrayar aquí el compromiso con una ontología hegeliano-marxista (aun si incluso aceptamos tesis de Milton Friedman) Y es que no hay que ser corto de miras: toda complicada madeja se da, pero por lo menos sabemos que hay madeja. ¿Qué dice la donna filosofía de lo que hay? ¿cómo se integra la filosofía primeramente en este asunto, en vez de quedar apartada y relegada a un plano diferente -haciendo de los filósofos pajilleros mentales-? ¿Qué está en juego?

En mi opinión de estudiante de filosofía, siempre que se dice algo sobre estas cuestiones se está presuponiendo un «sujeto», este «sujeto» no es ya pensamiento, ni pasa por fases del espíritu, sino que este es un «sujeto material» encarnado, junto a otros «sujetos», en la figura de un Estado (su población, sus instituciones, sus reglas jurídicas, sus recursos, sus clases sociales y su moneda). Y es este «sujeto» el que transita «fases» en función de su puesto en la ordenación mundial, que en última instancia es una posición espacial y un dominio en el cual trata de absorber un plusvalor económico y un plusvalor político a toda costa. Pues es precisamente esta lucha de Estados por la cual la economía y la política no son sino la continuación sin más de la guerra de Estados que es el mundo. El presupuesto básico y paradójico para toda comprensión efectiva del mundo consiste en la siguiente afirmación: «La guerra es el padre de todas las cosas, y a algunos Estados les procura días de paz (que es un concepto técnico en la filosofía de Hobbes), y a otros les procura días de miseria, o tiempos de perros (que es un concepto técnico en la literatura de Cervantes)». Acaso hay gente que opina que la tendencia a la baja de la guerra, y la mayor globalización e interconectividad de las cadenas de producción producirán a la larga un auge de los países pequeños, desfragmentación de lo político, subida general del nivel de vida, y finalmente, un tiempo total de paz bajo una gobernanza mundial. Pudiera ser, y aun así la explicación sería hegeliana: no se llegó a esto por la voluntad de paz de los seres humanos, sino como astucia de la razón, como consecuencia indirecta de la guerra. Esa es la paradoja, aderezada dulcemente con la existencia de tecnología militar que asegura un reordenamiento geopolítico siempre tenso.

Y cada elemento o fenómeno de este tinglado requeriría ulteriores matizaciones: una filosofía del derecho, una filosofía de la ciencia y la tecnología, una filosofía del Estado, una historiografía del Derecho (disciplina que en España se llamaba Derecho Político), una ontología de la Economía Política y una filosofía de la guerra. De común, estas disciplinas sólo se fundan como reflexión y como corroboración y validación constante de los hechos que acaecen en el mundo, y la Filosofía lanza juicios (muchas veces -por decirlo de alguna manera- sintéticos) que requieren ser «devueltos por la realidad». Si el boomerang vuelve, es que con alguna tecla se ha acertado. Esto asegura que esta, mi concepción del mundo bajo la malla de la Modernidad, no sea definitiva, sino que pueda estar sujeta a cambios severos mientras se estudia lo que se estudia.

La inflación

Pasemos a la materia económica, ¿qué opinan los expertos de la inflación? Como siempre, la economía es un terreno complejo, más que una ciencia parece la típica dialéctica entre escuelas helenísticas. Así que la pregunta ha de reformularse -en principio por generosidad intelectual para con los contrincantes en la batalla intelectual-: ¿qué opina cada escuela económica de la inflación? Por otra manera, ¿las escuelas económicas piensan que para toda inflación X hay una explicación Z que subsume cualquiera que sea la inflación X? ¿o por el contrario las escuelas económicas no explican todas las inflaciones posibles, sino que más bien explican un tipo, o varios tipos?

(Quiero dejar constancia que hay muchos conceptos, como “salario real y nominal”, “margen de beneficio”, “curva de oferta agregada” “oferta monetaria”, “modelo renta-gasto” o “brecha inflacionista” que no se explican (siendo cruciales para entrar en detalles técnicos), lo que es lo mismo, habrá que dejar el asunto de la inflación para un artículo mucho más largo. Ahora vamos a intentar ir a lo básico)

Pues bien, empecemos por lo más elemental: ¿Cuántos tipos de inflación hay? Principalmente dos:

  1. Inflación por aumento de la demanda ( demand-pull inflation)
  2. Inflación por aumento de costes (cost-push inflation)

Dentro de la inflación por aumento de costes encontraríamos sub-tipos de inflación al ser los costes tan diversos, principalmente:

2.1. Inflación por empujón de impuestos (tax-push inflation)

2.2. Inflación por empujón de salarios (wage-push inflation)

2.3. Inflación por empujón de beneficios (Profit push)

Esto es, los precios aumentan tendencialmente o bien porque hay más demanda para menos oferta, y por lo tanto lo que se oferta tiende a encarecerse; o bien porque lo que se oferta se hace más difícil de hacer, y por lo tanto es más caro.  ¿Por qué puede aumentar la demanda? Por un aumento de la cantidad de dinero, es entones que la gente gasta más y las cosas tienden a encarecerse si no hay una aumento proporcional de la oferta. ¿Y por qué pueden aumentar los costes de las cosas? Pues porque hay oligopolios, por ejemplo, que crean escasez artificial, o porque el Estado cobra impuestos muy altos, lo cual repercute en el precio al consumidor, o porque los salarios crecen y los productos también. Por ahí van los tiros, aunque de momento haya incógnitas sin resolver (¿cómo es posible que aumente la oferta monetaria y haya más cantidad de dinero?

Adam Smith tenía una respuesta a esta última pregunta, para él eran los estados los que, para saldar sus deudas con los burócratas y los ejércitos, mezclaban el oro y la plata con otros metales para hacer “más dinero” con “menos metal”. Para  muchas escuelas, por tanto, el punto de partida para comprender la inflación está en el hecho de que existe un monopolio de emisión de moneda, a saber: el Banco Central. ahora (los estados, antes) Esta institución es, desde su  punto de vista, el «origen del mal»

Aquí hay que recordar la dicotomía conceptual de la economía clásica, sin la cual ni siquiera comenzamos a pensar lo que es el dinero (luego la cosa se hizo más compleja, aunque en realidad no tanto). El dinero, desde el punto de vista ontológico, se presenta como (1) «signo» de valor en tanto precio, desde esta cara de la moneda (nunca mejor dicho) parece que el sistema de precios es la mathesis universalis, el lenguaje divino por el cual cada cosa expresa lo que ella misma vale desde el punto de vista del intercambio. Yo cuesto 1 euro, yo cuesto 3 euros, todas las mercancías lo dicen a través del sistema de fijación de precios como si estuviesen en la feria de cualquier pueblo. Pero el dinero no sólamente es un signo, también es (2) el medio por el cual se intercambian las cosas, medio que puede ser digital, físico (basado en bueyes, monedas de metal o billetes) o incluso puede ser verbal (una promesa de “te lo devolveré”). El dinero es, por tanto,  esta dualidad: signo y medio de intercambio (y de esta dualidad surge la contradicción, especialmente porque el dinero en tanto medio de intercambio y “liquidez” debería poder ser el depósito más seguro para el ahorro -cosa que no sucede en tiempos de hiperinflación-).

El hecho es que nada hay en el mundo que sea per se dinero, o dicho de otra manera; que fuera el oro o el billete lo que acabara erigiéndose como dinero es más bien accesorio. El dinero en tanto que dinero sólo es promesa-confianza; en última instancia: una ilusión colectiva, como el Derecho y tantas otras cosas, que funcionan simplemente porque seguimos las reglas mientras “las cosas funcionan”. Esto significa que los que abogan por cambiar el patrón-Fiat actual por el patrón-oro no están diciendo que el oro sea el dinero real, y todo lo demás no sea sino una falsificación. Como decía Marx: “que yo sepa, ningún químico ha encontrado todavía el valor de cambio en el átomo del oro”. La gente que aboga por patrón-“lo que sea” sólo dice que ese patrón “es y funciona mejor”, no que sea “dinero de verdad” o algo por el estilo.

 

Lo dicho de Adam Smith no está ahora sacado de “La riqueza”, sino de las lecciones del 62-63. Desde mi punto de vista, estas lessons son para Smith como los Grundrisse respecto a El Capital para Marx.

 

Lo que a mi me parece crucial en Adam Smith es que para él el concepto de inflación se reduce literalmente al hecho de “inflar” artificialmente los precios. Él sólo da dos causas, a saber, la intervención en la economía por la cual las cosas se alejan de su “precio natural” (oligopolios, controles de precios, subvenciones o agravantes,etc.) , o las artimañas del señorazgo en las casas de la moneda. Entonces: que haya algo así como inflación (subida continuada de los precios) depende esencialmente -en Smith- de que hay un “precio natural”, un precio en el cual “X=Y” porque (introducir aquí tu teoría del valor favorita). Un motivo de reflexión constante para mi ha sido ¿pero existe algo así como “precio natural”, “valor medio social” de algo? Pues sin esto; ¿pudiera existir el concepto de inflación en términos absolutos? o por el contrario la inflación se trata de un fenómeno relativo que siempre se calcula mediante índices que toman un “año base” de forma más o menos arbitraria y contingente. Al final uno mide la inflación contrastando cosas como: “con el salario nominal de 1000 euros, ahora sólo se compran bienes que hace un mes hubieran costado 900 euros, luego el salario real es menor que el nominal respecto al mes pasado” ¿y qué es el salario real? pues los salarios medidos en términos de los bienes y servicios que pueden comprar (y se calcula dividiendo los salarios nominales por el I.P.C. que es lo que he dicho antes, pero manera menos técnica). Pero sin duda, aunque el concepto de inflación pudiera funcionar en términos relativos (mediante tasas e índices comparativos), lo suyo sería que fuese un un concepto relativo respecto al absoluto de un hipotético e incalculable “precio natural” (que sería como si Arquímedes hubiera encontrado su fundamenta orbis terrarum)

 

En fin, dejo un video hecho por un austriaco ortodoxo haciendo un resumen de porqué hay inflación.

 

Vemos como a los austriacos, al igual que a Adam Smith, les preocupa lo que vendría siendo un tirón artificial en la demanda. Sin embargo, ¿qué dicen los marxistas?La visión marxista pudiera quedar como sigue:

La hiperinflación nunca surge porque un gobierno pierda el control e imprima una cantidad excesiva de dinero, sino que aparece en situaciones extremas (conflictos bélicos, transición desordenada de sistemas económicos, y por pésimas políticas económicas) que provocan caídas importantes de la producción. Entonces, ¿por qué durante esos periodos se constata que la cantidad de dinero en circulación aumenta a ritmos vertiginosos? Pues por algo tan obvio que avergüenza recordarlo: para poder hacer frente a compras con precios mastodónticamente más elevados que antes necesitas mucho más dinero que antes. Es evidente. El banco central debe crear muchísimo más dinero para que el Estado pueda hacer frente a unos gastos corrientes que son muchísimo más caros, para que los bancos puedan hacer frente a las retiradas de dinero de sus clientes y a mayores créditos por parte de las empresas (pues han de comprar suministros mucho más caros). La creación de dinero es posterior a la chispa de la inflación galopante, aunque luego contribuya a agravarla (como tantos otros factores en un contexto de círculo vicioso de alza descontrolada de precios). El orden causal y cronológico es el siguiente: caída brusca de la producción, aumento de precios, aumento de dinero en circulación. No nos dejemos engañar por las apariencias, pues no siempre coinciden con la realidad. Fuente: http://eduardogarzon.net/la-hiperinflacion-en-venezuela-no-ha-sido-generada-por-crear-mucho-dinero-i/?fbclid=IwAR3ctVL6NyBZ7IoyfdUIimdagOI8CvmslNuQ4yPnO-ziof-GyrUZeGrWbfI

Lo curioso es que la visión monetarista tiene una relación bastante evidente con la marxista. Veamos, hemos visto que la inflación puede producirse cuando el aumento prolongado del nivel general de precios se debe a un incremento autónomo y autosostenido de los costes de producción. Esto podría deberse al poder monopolista de los sindicatos respecto a la mercancía fuerza de trabajo, o por el deseo de los empresarios de aumentar artificialmente su beneficio. Sea como sea, estos acontecimientos se muestran por medio de un desplazamiento ascendente de la curva de oferta agregada. Y DICEN LOS MONETARISTAS (como los Chicago-Boys): “Bueno, pero no tendría que haber inflación si los fenómenos a explicar no van acompañados DE UN AUMENTO ACOMODATICIO DE LA OFERTA MONETARIA NOMINAL que sea capaz de desplazar la curva de demanda agregada hacia la derecha”.

Es decir, para un monetarista el problema está en “inyectar dinero” en vez de esperar a que las cosas vuelvan a su curso natural, como diría Smith. Para el marxista, el orden de los fenómenos es exactamente el mismo: primero sucede un fenómeno, y luego se imprime billete para mantener el estatus quo en un “follar o morir” desesperado, y finalmente se produce la inflación. Pero no hay inflación porque haya -sin más- más billete.

La interpretación más detenida y sosegada de la teoría de la inflación de Ludwig Heinrich Edler von Mises y la visión de la escuela austriaca en general, así como las teorías macroeconómicas de los keynesianos y neokeynesianos se darán más adelante; y realmente son muchos autores los que han lanzado luz a este enigmático suceso: David Ricardo, Phillips (que decía que había una relación por la cual cuanto más desempleo hubiese, menos inflación y viceversa -cosa que fue “refutada” por los hechos precisamente en la época donde los monetaristas comenzaron a escribir, aunque se sigue defendiendo a pesar de todo-) o la escuela inflacionista, que defiende que la inflación es buena para el crecimiento.

Dejo, de hecho, alguna bibliografía en torno a esto último. Autores que defienden que el problema de la crisis de 2008 tiene su génesis en las políticas monetarias de los años 90 y su no-dejar que haya un poquito de lubricante en tanto inflación:

  • Robert J. Barro, 2013. “Inflation and Economic Growth,” Annals of Economics and Finance, Society for AEF, vol. 14(1), pages 121-144
  • Sarel, Michael, Nonlinear Effects of Inflation on Economic Growth (May 1995). IMF Working Paper, Vol. , pp. 1-26, 1995. Available at SSRN: https://ssrn.com/abstract=883204
  • M. Bruno “Does inflation really lower growth?”  en Finance and Development, vol. 32 (1995) pp. 35-38.

Y es que si desde algún punto de vista hay que intentar evitar el ahorro y fomentar el gasto y la inversión ¿qué mejor que el hecho de que tu dinero pierda anualmente un 2% de su valor real? Es casi como un “baila o muere” mientras te pegan disparos en las piernas. Por otra parte, si mensualmente todo tu dinero nominal pierde capacidad de compra real a un ritmo galopante, entonces pueden pasar varias cosas:

(1) La primera y más evidente, habrá fuga de capitales hacia divisas más seguras, a este fenómeno se le conoce como dolarización.

(2) Por (1) tu moneda se irá devaluando, lo cual hará que las importaciones cuesten más, lo cual hará que los precios sean más altos, lo cual hará que se requiera más dinero para poder pagar las importaciones, lo cual reactiva el ciclo. (–Me llaman Bucle –¿y por qué te llaman bucle? –pronto lo sabrá, –¿el qué? ¿qué le llaman bucle? –exacto, me llaman bucle…)

(3) La gente compra “valores refugios” (joyas, oro, viviendas) para poder tener bienes que podrán intercambiarse en el futuro, y dejan por tanto de invertir en actividades productivas.

 Brasil durante el tiempo previo al Plan Real de Cardoso

Fin del crédito barato y problema de endeudamiento

Brasil se beneficio, como tantos otros países, del dinero barato que prestaban los bancos estadounidenses, británicos, japoneses, alemanes, franceses, canadienses y suizos a tipos muy bajos de interés durante los años 70. En 1981, los banqueros extranjeros decidieron recortar préstamos a Brasil, México, Chile, Filipinas y otros 60 países. Y así terminó el ciclo de crecimiento que se había venido dando desde los años 70. ¿Y por qué dejaron de prestar los bancos?  Los del F.M.I. dijeron algo así como que el desequilibrio en la  economía de los países en desarrollo, su sobre-endeudamiento, el gasto excesivo en proyectos de infraestructura y la incompetencia del gobierno fueron los 4 factores clave.

Si bien esto se dio en muchos países, puede que Brasil fuese un país que dejó de recibir crédito ultra-barato “por contagio”. La relación capital/deuda era, en efecto, bastante baja si se compara con Estados Unidos, y durante los años 70 y 80, Brasil pagaba sus deudas. Un economista brasileño afirmaba en torno al fin del crédito (clave para el crecimiento en los 60 y 70) lo siguiente:

Dejamos de crecer en 1981, permítanme enfatizarlo una vez más, no porque nuestra economía fuera un caos o por problemas estructurales abrumadores. Nos detuvimos debido a un pequeño error en el sistema bancario de EE.UU., que no realiza ajustes en los préstamos bancarios para tener en cuenta la inflación de EE.UU. Este error hizo que se detuviera un flujo de crédito internacional de aproximadamente  15 mil millones de dólares al año durante los 70.

Otros muchos economistas echaron la culpa a las empresas de calificación como Moody’s y Standard & Poor’s. Así como a la tasa LIBOR (https://es.global-rates.com/tipos-de-interes/libor/libor.aspx) que rondaba el 21% en 1981. En suma, cada bando aduce sus propios argumentos, en este caso, los brasileños echan la culpa al Congreso de los EE.UU. a los bancos prestamistas y a la manera de calcular los datos de ciertas instituciones (especialmente las de EE.UU)

Si se quiere comparar el problema de la deuda en Brasil y en México, visite el siguiente enlace:

http://www.cadtm.org/La-crisis-de-la-deuda-mexicana-y

1983

En 1982, los alemanes deciden reestructurar la deuda brasileña y reducirla a un 60%, no sería suficiente. Podemos leer en El País ( 15/1/1983) lo siguiente:

A pesar de haber concluido la negociación con el Fondo Monetario Internacional (FMI), la crisis económica de Brasil continúa siendo la más grave de los últimos dieciocho años de régimen. En el último lustro, algunos economistas de la tecnocracia oficial empezaron a cuestionar públicamente las graves equivocaciones del modelo económico implantado por los militares. El Gobierno intenta ahora hacer frente a la deuda externa, que supera los 93.000 millones de dólares, de los que cerca de 30.000 millones vencen a corto plazo, y, según sus portavoces, ha dejado claro a todo el sistema financiero que si no se acepta la renegociación de la deuda el país se declarará oficialmente en quiebra en los meses de marzo o abril.

La situación llegó a tal punto, que el Banco de Brasil, considerado uno de los mayores del mundo, se quedó a finales de diciembre en Nueva York sin efectivo para efectuar los pagos de la deuda. En Brasil esa situación fue considerada humillante y la Prensa promovió una verdadera guerra contra las autoridades económicas.La reciente divulgación del plan de cuentas externas para el actual año provocó una seria polémica. Los datos oficiales no confirman la realidad que se conoce: la deuda externa a corto plazo se estima, según cálculos pesimistas, en 13.000 millones de dólares. Los banqueros internacionales contestan ese dato y afirman que pasa tranquilamente de los 20.000 millones. Sumando las amortizaciones previstas, que son de 7.500 millones y los intereses (cálculos oficiales apuntan 9.000 millones), se concluye que el país necesita un mínimo de 30.000 millones de dólares para poder hacer frente a sus compromisos internacionales.

El ministro de Planificación, Delfín Neto, comentó en Brasilia que los banqueros internacionales no tienen otra salida que aceptar el ultimatum hecho por Brasil, pues si los grandes bancos no se solidarizaran con las dificultades de caja de Brasil, este país se declararía oficialmente en quiebra en marzo o en abril. Brasil no es un caso aislado. Las deudas de México, Argentina, Venezuela, Rumanía y otros países tornan la situación irreversible desde el punto de vista de la negociación: tiene que haber una salida común.

Poca estabilidad a largo plazo

En el mismo artículo, se dice: “Acostumbrados a la euforia de los comienzos de la década de los setenta, el brasileño común es hoy una persona desconfiada, que está siendo mantenido al margen de la verdadera realidad nacional”. Se referían a la época del “milagro” de 1969-1974, que coincidieron también con los primeros años de la dictadura (o años del plomo -como lo llaman ahí-). La economía brasileña llegó a tener una tasa de crecimiento del 14% (y la inflación llegó casi al 35% -lo cual fue, para muchos, una señal de que la inflación no era necesariamente mala)

En general, Brasil funciona a base de épocas de explosión económica favorable, unida a estancamientos o recesiones bruscas. En los años 50, en la era de Juscelino Kubitschek, se conoce un crecimiento económico con políticas clásicas de esos años (proteccionismo, planes quinquenales, desarrollismo, la C.E.P.A.L) y al poco tiempo, una vez se ha edificado Brasilia como capital,  de nuevo: arcas vacías, deuda e inflacción con Janio Quadros. Esta desestabilidad conduce al golpe militar del 31 de marzo 1964, cuyo proyecto de reforma económica pasaba por “producir todo en Brasil” ( lo cual no fue necesariamente malo en tanto que hizo de la economía brasileña una economía altamente diversificada -aunque aquí hay un fuerte debate-).

Bajo políticas keynesianas, dadas a la planificación y la inversión pública en industrias de todo tipo, la era de la dictadura concebirá pues la reforma del milagro económico, cuyos artífices fueron los economistas José Flávio Pécora y Antônio Delfim Netto (que más tarde sería asesor presidencial de Lula Da Silva). Fue también la época en la cual se edificó la represa hidroeléctrica de Itaipú (que hoy en día es la que más electricidad produce del mundo (https://www.ultimahora.com/itaipu-supera-record-mundial-produccion-energia-n1048192.html) y de obras de infraestructura importantes en lo que se refiere a transporte y energía. Y finalmente, crisis bursátil en 1971, crisis del petróleo en 1973 y crisis de la deuda en los años 80.

Por tanto: años 50 (crecimiento-estancación); años 60 (dictadura-reforma económica-milagro) años 70 (estancación y crisis); años 80 (década perdida -y fin de la dictadura-) ¿y en los años 90 qué paso?

Los 90

Encuentro en un libro de economía brasileño:

Debido a las altas tasas de interés practicadas durante los años 80, las compañías brasileñas utilizaron todo el flujo de efectivo generado por sus operaciones para liquidar sus deudas. Nunca perdieron sus capacidades de inversión, solo los utilizaron para retirar sus deudas, en lugar de comprar equipos nuevos. Este proceso llegó a su fin en 1991 y 1992 porque las compañías brasileñas, ironía de las ironías, no tenían más deudas que pagar.

Durante la década perdida, los ejecutivos brasileños evitaron deudas como la plaga. El resultado final es que ahora tenemos empresas con una base de capital sólida y sólida, listas para soportar un aumento nuevo y acelerado del crecimiento y el endeudamiento. A pesar de las fuertes pérdidas y la recesión, las empresas brasileñas disfrutan de la salud financiera para liderar al país en un nuevo camino de crecimiento acelerado. Esto no se puede percibir claramente en Argentina o en México. De hecho, pocas empresas brasileñas fueron a la quiebra en 1990, 1991 y 1992, la peor recesión en la historia brasileña precisamente porque tenían una base de capital sólida.

Mientras tanto, en 1990 llegaba al poder Collor de Melo, en plena disolución del bloque comunista internacional y auge de lo que se suele conocer -aunque no sea una etiqueta rigurosa- como “neoliberalismo” (liberalización de la economía, apertura comercial, bajada de impuestos, liberalización de las tasas de interés, privatización de la industria base que se había estado fraguando desde los 70, etc.)

Dejo aquí un artículo muy importante, titulado Análisis de las presidencias de Carlos Andrés Pérez (1989-1993) y Fernando Collor de Mello (1989-1992): la llegada al poder, sus planes económicos y las consecuencias sociales. (http://www.revcienciapolitica.com.ar/num3art2.php)

La prioridad de Collor era detener la hiperinflacción que estaba sufriendo Brasil, lanzó así el Plano Brazil Novo, que fracasó estrepitosamente. ¿qué sucedió?

Plano Brazil Novo fue el nombre del plan de estabilización puesto en práctica en marzo de 1990 por el gobierno de Collor. Entre el miedo y la esperanza, y con una inflación anual que ya rondaba por 2.751%, el plan Collor se centró en cuatro pilares: una ambiciosa reforma de la administración pública, que incluían reformas tributarias, consolidación de ministerios y privatizaciones de activos públicos; una apertura comercial; un nuevo congelamiento de precios y salarios, y una reforma monetaria que incluía el congelamiento de los depósitos del público por un período de 18 meses con el regreso del cruzeiro como moneda de circulación. Así que, en apenas 2 meses, Collor dictó 44 medidas provisorias, 118 decretos, cerró once ministerios, abolió el cruzado nuevo, resucitó el cruzeiro y secuestró a la mayoría de los activos financieros del país.

Con el congelamiento de los depósitos, el Plan Collor pretendía retirar de la circulación una cantidad enorme de dinero. Los arquitectos del plan suponían que, para conseguir dinero fresco, las empresas se verían obligadas a deshacerse de sus stocks de mercadería con lo que bajarían los precios. También, suponían que la falta de circulante y de créditos haría disminuir la demanda y esto daría también como resultado la baja de precios y reducción de la inflación.

A finales de 1990, el plan había provocado una caída del PIB de 5% (la  mayor registrada en la posguerra), mientras que 7.500.000 personas habían perdido sus empleos. La inflación declinó sólo por un breve período de algunos meses luego del lanzamiento del plan de estabilización, pero volvió  a superar el 20% mensual ante el fracaso de éste y otro intento de estabilización. La popularidad de Collor, muy afectada por la medida de congelamiento  de los depósitos bancarios, se  desplomó por el fracaso del plan y el rebrote inflacionario. Collor entendió entonces que no podía seguir gobernando solo e intentó un acercamiento hacia los partidos políticos, aunque su creciente impopularidad hizo que estos se distanciaran aún más del gobierno para no quedar identificados con un proceso en franco declive. La excusa que el establishment encontró para salir de la aventura fue activar un juicio político por corrupción contra Collor. Descrita por The New York Timescomo la manifestación más grande en la historia de Brasil, el 19 de septiembre de 1992, 750.000 personas salieron a la calle al grito de ¡Impeachment ya! Finalmente, Collor renunció a la presidencia el 29 de diciembre de 1992. (Fuente: https://prodavinci.com/han-sido-las-hiperinflaciones-latinoamericanas-catalizadoras-de-cambios-politicos/?fbclid=IwAR1R6hZ_bXo-I0pEB4gSJYJbhnBMzdXb9R_M3WlaIcad8QY5p2W2Yx0pX8k)

Plan real

Y es en esta coyuntura cuando nos topamos con que el propio Collor estaba inmerso en temas de corrupción. Finalmente dimite y cede su puesto a Itamar Franco, que tiene como Ministro de la Hacienda al protagonista del Plan Real, Cardoso. El cual usará dicho plan como trampolín y aval -si el plan sale bien- para presentarse él mismo como candidato a la presidencia de 1994 y ganar a Lula (por entonces el candidato favorito). Los economistas dudan de que el Plan Real vaya a salir mejor que el plan de Collor.

Y como vemos, el plan funcionó, a partir de la implantación del real brasileño en sustitución del cruzeiro.

Y es aquí donde el artículo ha de acabar, tras haber hecho una introducción muy general al concepto de inflación y haber contextualizado (con más o menos éxito) la situación de Brasil hasta 1994. En el siguiente artículo, dedicado exclusivamente al Plan Real y a las elecciones intentaré analizar pormenorizadamente cómo fue posible acabar de un plumazo con la inflación (parece casi hasta un truco de magia ¿verdad?). Empero, el hecho de que se acabara con la inflación con el Plan Real podrá decirnos mucho sobre (I) la teoría de la inflación (II) ¿Puede aplicarse, sin más, dicho plan a países como Zimbabue o Venezuela? Espero, no obstante, que el artículo haya sido de utilidad. Reitero la recomendación del artículo sobre el periodo de Collor (especialmente a aquellos que les interese eso del “neoliberalismo” -que en realidad es liberalismo de toda la vida-)

Una respuesta a “Brasil 1994”

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