La irrelevancia de que gane o no la «extrema derecha» en Brasil

Autor: Ismael Crespo Amine

Los especialistas estiman que el real brasileño se recuperará durante el siguiente año hasta llegar, en el plazo de un año a 1 dólar estadounidense=3,50 reales brasileños.

Lo que está sucediendo actualmente en Brasil es algo que hemos repetido con insistencia los ultrarracionalistas desde hace años: ante la falta de empleo, lo que se produce es un retorno del terrorífico rostro del esencialismo en sus formas tradicionales (militarismo, machismo, racismo) ante la indiferencia de los inversores (los cuales prefieren, paradójicamente, que gane la izquierda).  Toda caída del Empleo y Gol trae consigo un retorno del «y qué hay de lo mío». Pero no hay que temer demasiado por el destino de Brasil: un parlamento fragmentado que imposibilita llevar a cabo ninguna reforma estructural relevante, además de unas buenas expectativas económicas mientras no gobierne Ciro Gómez, auguran para Brasil un retorno a la normalidad. O lo que es lo mismo, su destino parece más amable que el de Argentina o Turquía.

¿Qué es una crisis de balanza de pagos? Los casos de Argentina y Turquía

El Banco Central Brasileño estima un crecimiento en 1,4% y de un 2,4% para el próximo ejercicio.  Aunque es al ritmo al que está creciendo actualmente España, no es mucho si consideramos que hace pocos años Brasil era considerada, junto al resto de los B.R.I.C.S. una economía emergente. En 2011 Brasil crecía al 7,5% mientras sendas tramas de corrupción organizaban lo que sería un fiasco a todos los niveles, y no hablamos exclusivamente de la Copa do Mundo FIFA de 2014 o de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016. Y es que, además de ser un factor económico importante (aunque no el único ni el crucial), la gestión política de los recursos en la época de bonanza es una de las principales causas del descontento brasileño. Sucede algo similar que en España, la gente de a pie deja de creer en la política y más bien gana por goleada la abstención o el voto-con-pinza-en-la-nariz.

La pregunta es ¿por qué Brasil entró en recesión? ¿cuales son las causas?

 

Muchos son los que recurren al caso del  Complexo do Alemao para ilustrar la situación actual de Brasil.  Se trata de un proyecto muy criticado por su alto precio (210 millones de reales -que sepamos-) que culminó en 2011, antes de la crisis: un teleférico que sobrevolaba las favelas de Río de Janeiro y que se convirtió, de la noche en la mañana, en la principal atracción turística. El político que impulsó esta faraónica obra, Río Sergio Cabral, ahora está en la cárcel por corrupción,  y el propio teleférico está cerrado por problemas en la infraestructura de cableado. Algo que no se puede solucionar, pues acaso Río de Janeiro paga a duras penas sus servicios básicos mientras la inseguridad y la cantidad de gente sin techo crecen sin parar. Había hasta problemas con la morge y los cadáveres tenían que enviarse a otras regiones ¡menudo circo de los horrores, que pena que no funcione el teleférico a modo de atracción: un auténtico túnel del terror!

Brasil actualmente cuenta con 13.000.000 de parados, 3 veces más que en 2014, cuando el paro era del 4,8% (siendo actualmente del 12,3%) Muchos de los proyectos de industrialización y modernización de las infraestructuras han caído en saco roto. La corrupción y la violencia no han cesado, y el coste de vida es absurdamente alto en relación a los salarios. La popularidad del actual  presidente Michel Temer  es asombrosamente baja (sólo el 5% de los brasileños consideran buena la gestión de Temer). Además,  es presidente simplemente por el hecho de que la anteriora presidenta, Dilma Rousseff, del Partido de los Trabajadores, fue destituida por manipular las cuentas fiscales y firmar acuerdos ilegales con diversas empresas.

Por si fuera poco, Bolsonaro, líder indiscutible de las encuestas con un 27% según la agencia Ibope o del 31% según los medios españoles, recibió una puñalada hace pocas semanas y Lula Da Silva está también en prisión (su sucesor, Haddad, no tendría, según las últimas estimaciones, mucho más del 20-22% de los votos en la primera vuelta)  En fin, la situación de Brasil es completamente grotesca, poco más y se tiene que presentar el del quiosco para que las elecciones sean mínimamente serias.

Pero este caos merece ser examinado con cierto detenimiento, pues con demasiada frecuencia uno se pierde en los detalles y no  llega al corazón del asunto. Después de haber estudiado la cuestión brasileña, creo necesario escribir una serie de artículos en torno a este país para que de verdad se entienda qué significa eso de que la extrema derecha del ultra Bolsonaro llegue al poder. Mi tesis, ya ha quedado avanzada en el propio título del  artículo, es que este ascenso político es bastante irrelevante en términos económicos. De hecho, el único candidato que pudiera generar desestabilidad y contagio a países vecinos sería, como he dicho, el laborista Ciro Gómez o tal vez el socialdemócrata Geraldo Alckmin, pero el primero cuenta con un 11% de intención de voto, y el segundo no pasa del 8%.

Por otro lado, si bien que gane o no Bolsonaro es irrelevante desde el punto de vista económico, no lo es en términos -digamos- «sociales». En lo económico, Bolsonaro es, por decirlo en cristiano, «más de lo mismo», y su programa liberal (privatizar inversiones públicas en infraestructura y flexibilizar el mercado de trabajo) no provocará el cambio estructural que requiere Brasil para convertirse en la potencia mundial que apuntaba ser en la década anterior. De facto, Bolsonaro es un inútil y un analfabeto en términos económicos, al que hay mirar con atención es al que será el ministro de economía de Brasil, Paulo Guedes, el cual tiene un doctorado en Chicago. En fin, un Chicago Boy.

No faltan las comparaciones (en parte injustificadas) entre Bolsonaro y Le Pen o Donald Trump (por otra parte, recordemos que el paro en EE.UU. no había sido tan bajo desde 1969 -en tiempos de la guerra de Vietnam-: curiosamente, muchos estados necesitan ahora inmigrantes para poder cubrir puestos de trabajo). Esto, como veremos, también tiene su importancia, pues la bajada del desempleo en EE.UU. ha provocado un aumento en los tipos de interés del gigante americano.

Paulo Guedes (a la izquierda) es la cabeza pensante en términos económicos, mientras que Bolsonaro se dedica a «pablomotear» en su específico Ser-en-el-tanque mientras una legión de posteadores lanzan fake news y basura por Internet. (jaja vamos, lo que es la democracia actualmente)

En lo «social», es decir, en la esfera de la opinión pública y la vida privada, si es cierto que Bolsonaro parece la antítesis típica del izquierdista o el liberal en lo que éste tiene de homófobo (afirmaba que si encontraba a 2 homosexuales por la calle les pegaría) o religioso (el apoyo de Bolsonaro proviene en gran medida de los evangelistas). Mano dura, eso promete Bolsonaro, viejo militar y todavía reservista. Muchos periodistas se escandalizaban: ¿cómo es posible que gane más votos según dice más y más comentarios durísimos? ¡Pues por eso, idiota! Es que todo «a pesar de» es precisamente un «por qué». En este caso, Bolsonaro gana votos precisamente por decir lo que dice. Pero como digo, no sólo hay que analizar el triunfo de Bolsonaro como el triunfo de un pueblo radical y en el fondo reaccionario, el pueblo brasileño ha visto como complejos industriales como el llamado ABC (Sao Bernardo, Santo André y San Caetano) perdían en torno a los 50.000 empleos anuales. Caldo de cultivo perfecto para que un buen militar se imponga, como sucedió con los viejos blue collar workers del Rust Belt americano.

La industria de San Bernardo estaba vinculada al sector automovilístico. Rolls Royce anunció su retirada de la región, como tantas empresas.

 

En los siguientes días iremos subiendo varios artículos, nos centraremos en los siguientes puntos:

-(1) La reforma monetaria de Cardoso y la bonanza brasileña bajo el mandato de Lula

Brasil 1994

-(2) El papel de Petróleo Brasileiro S.A.

 

– (3) La cuestión de la corrupción y violencia en Brasil.

-(4) El caso Dilma

-(5) La ideología de Bolsonaro, perspectivas para América Latina.

Un tanque de juguete, eso es lo que en realidad es el maldito Bolsonaro jaja

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