La toma de Egipto por Selim I “el severo”: fin del dominio mameluco

Autor: Ismael Crespo Amine

 

El Imperio Otomano, llamado así por el primer sultán  ‘uṯmān –fundador de la dinastía  que ostentará el poder hasta en 1 de noviembre de 1922- constituye la «puerta de entrada» del mundo árabe en la Modernidad. El dominio turco sobre las regiones de los árabes significa que éstos dejarán de gobernarse a sí mismos y dependerán de Constantinopla y la Sublime Puerta del sultán que sea.

Para llegar a esta dominación otomana de las regiones árabes hay que tener en cuenta la rivalidad entre los safávidas y los otomanos en lo que va a ser un antecedente de la instrumentalización del conflicto entre suníes y chiíes, el orígen de los otomanos y su expansión, así como de dónde vienen los mamelucos del Sultanato Mameluco de Egipto, que duró desde el 1250 hasta el 1517 con la decapitación del sultán en El Cairo. Es decir, comenzamos nuestra historia sin tener en cuenta lo que pudiéramos llamar la Edad de Oro del mundo islámico (no será la única Edad de Oro, como se verá cuando estudiemos el “Renacimiento árabe”: el nahda). Esta Edad de Oro finalizó con el reino abasí, y se remonta al califato Rashidun: los llamados cuatro califas bien guiados.

Más tarde, el siglo XVI será la época de dos imperios en pugna por el «Mar común». No será en este artículo donde se compare la estructura militar y geopolítica de los imperios de los Reyes Católicos, Carlos I y Felipe II por un lado y Mehmed II, Selim I y Kanuni Sultan Süleyman (El Magnífico en Occidente o El Legislador en Oriente) por otro; sino más bien donde se explique brevemente el comienzo o el arranque y consolidación del Imperio Otomano con Selim I.

El libro de Fernand Braudel comparaba precisamente las dos formas de imperio. Curiosamente, encontraba analogías importantes entre la monarquía hispánica y el sultanato.

Desde dicha consolidación, habrá que tener en cuenta siempre esta articulación doble del Imperio: problemas intestinos dentro de la expansión por el Magreb y Oriente Medio mientras se combate reinos extranjeros: los españoles primero, los Habsburgo y los rusos después. Frágil equilibrio en el cual siempre habrá insubordinaciones y caudillos mamelucos o árabes que carcoman el Imperio desde dentro; no obstante, los Otomanos siempre supieron imponerse, al menos hasta finales del siglo XVIII. La incapacidad del Imperio otomano para controlar el desierto arábigo también explicará, en buena medida, el surgimiento del wahabismo y la adopción de esta doctrina sectaria por los caudillos saudíes. Por otra parte, también estimamos necesario dedicar un artículo sobre el comercio del algodón, que fue durante bastante tiempo el “petróleo” de la época, así como la relevancia de las diferentes rutas que transitaban por el “corazón del mundo” -expresión que da título a un libro que recorre y analiza las diferentes rutas comerciales a lo largo de la edad moderna-

Por supuesto que no se titula “el corazón del mundo” en lengua original, esto se debe al sempiterno clientelismo de las editoriales, que siempre buscan títulos como les da un poco la gana.

Los otomanos

Durante más de 1000 años Constantinopla fue la capital del Imperio Romano de Oriente y un baluarte del cristianismo. Sin embargo , un artesano y herrero búlgaro llamado Orbón construyó un cañón enorme y terminó con todo eso. En principio tenemos que imaginar a Orbón como alguien que prefería construir cañones grandes antes que apoyar a los cristianos, pues prefirió aliarse con el sultán antes que con Constantino XI, aun siendo él mismo cristiano: ¡el que paga, la gana!. Irónicamente, y como solía suceder con las bombardas de aquella época, Orbón y su equipo murió al explotar “la gran bombarda turca”

 

Para no entrar en demasiados detalles sobre el punto de inflexión del Imperio Otomano, dejo algo de bibliografía para que el lector curioso pueda profundizar en la caída del Imperio Bizantino. Lo que hay que tener en cuenta es que los turcomanos fueron en sus orígenes una serie de tribus nómadas de la zona de Turkmenistán que fueron extendiéndose al oeste en busca de tierra de pasto. Cuando la dinastía abasí no pudo contener a estas hordas, sucedió lo que por analogía puede relacionarse con las invasiones bárbaras en tiempos del Imperio Romano. De facto, al igual que los godos o los vándalos abrazaron el cristianismo, los turcos acabaron convirtiéndose al Islam, y muchos de ellos, los esclavos mamelucos, acabarían tomando Egipto y Bagdad. En realidad, y esto es lo curioso, el califato mameluco de Egipto (que dominaba también Damasco y Alepo, así como las regiones de Oriente Medio) y los  mamelucos del Imperio Otomano procedían de una raíz común.

 

Entre 1260 y 1517, los sultanes mamelucos de origen turcocircásico gobernaron un imperio que se extendía hasta La Meca y Medina -y fueron ellos los que organizaron la caravana de peregrinos, pues este es uno de los 4 preceptos fundamentales del Islam-. Mientras, los otomanos avanzaban contra un reducido Imperio Bizantino, así como combatían y reducían a cenizas al  Imperio Serbio y al Segundo Imperio Búlgaro. La conquista de Constantinopla, como culminación de la expansión otomana en lo que iba a ser su centro se produjo bajo el reinado de Mehmet II.

La guerra safávida-otomana y la caída del sultanato mameluco

 

El 24 de agosto de 1516 al-Ashraf Qansuh al-Ghawri, 49º sultán de la dinastía mameluca, fundada en 1250, se encontraba con unos 20.000 soldados en Marj Dabiq, a las afueras de Alepo, junto al califa al-Mutawakkil II y los descendientes del profeta. Este ejército de 20.000 mamelucos no eran una cosa cualquiera, llamados “los poseídos” en árabe, la tropa estaba compuesta por lo que fueron los hijos de madres cristianas en regiones lejanas del Cáucaso y de Europa. A estos niños raptados se les daba formación en artes marciales, así como se les infundía el máximo respeto a las instituciones políticas y religiones del Islam. En 1249 los mamelucos habían conseguido rechazar a los cruzados franceses de Luis IX, 12 años después repetían la hazaña con los mongoles, finalmente en 1291 se volvieron a enzarzar y a expulsar a los últimos cruzados. Ahora se encontraban frente a frente con los otomanos, ¿cómo se había llegado a esa situación?

  1 año antes de la batalla de Marj Dabiq, el imperio safávida del shah Ismail I había sido derrotado por los otomanos en la Anatolia Oriental. El joven imperio, al mando del carismático shah, había abrazado el chiismo y las tensiones no habían hecho que más que crecer. Ante la pérdida de territorios fronterizos, Ismail intentó trabar una alianza desesperada con los mamelucos de El Cairo. No es que al-Ashraf Qansuh al-Ghawri tuviese especial devoción por los safávidas o por los chiitas, pero los mamelucos no querían que los otomanos vencieran y conquistaran las regiones al sur del mar caspio. Eso hubiera roto el equilibrio de poderes. Además, en una guerra a dos bandas, los mamelucos podrían afianzar su presencia en Damasco y Alepo, asegurando las lineas de comercio entre Europa y Asia.

¿Al final que pasó? Que los otomanos cesaron las hostilidades con los safávidas y fueron a por los mamelucos. Los otomanos no sólo constituían una fuerza militar muy superior (60.000 frente a 20.000) sino que además estaban equipados con mosquetes de pólvora y armamento militar moderno. El choque de la caballería mameluca acabó como era de esperar, además, el flanco izquierdo de Khair Bey huyó en desbandada -pues éste comandante era un traidor y había pactado ya con el sultán otomano-. Qansuh murió ese mismo día intentando huir a Alepo.

Selim I entró y conquistó Alepo y Damasco sin encontrar la menor resistencia mientras los supervivientes de la batalla de  Marj Dabiq trataban de recomponerse. Escogieron a un nuevo sultán, a Tumanbay Bey, el cual recibió al poco una misiva deL Selim: “Rendirse o morir”. Y como rendirse no era una opción, pronto el Cairo, recordando lo que sucedió en Constantinopla, entró en un caos terrible, y sus pobladores se dieron al hachís y al alcohol.

No era para menos, una ciudad que se defendía de un sitio era susceptible de ser saqueada y pasada a cuchillo. Ya llegaban noticias de que Mehmet II había degollado a cientos de inocentes en Gaza en su paso hacia Egipto. Cuando Selim I llegó a las puertas del Cairo el 22 de enero de 1517, muchos soldados habían depositado sus armas; se colgó a los traidores y se instó a la población general a empuñar un arma, incluso Tumanbay reclutó a bereberes y les otorgó mosquetes a ellos también. Fracaso absoluto. El historiador Ibn Iyas escribía:

La sola mención del acontecimiento basta para helar de terror el corazón de los hombres, hasta el punto de que sus horrores les trastornan el juicio

La cita está sacada de este magnífico libro de Eugene Rogan. Muy ameno y recomendable.

Desde ese día, El Cairo estaría bajo dominio turco durante tres siglos, la propia ciudad, para salvarse de los saqueos, comenzó a rendir pleitesía a Selim I, padre del que iba a ser Suleimán el Magnífico. Por su parte, Tumanbay huyó tratando de conseguir aliados, pero unos beduinos le traicionaron. Le cortaron la cabeza, como ya se dijo más arriba, en abril de 1517, ante los ojos de sus antiguos súbditos. Las regiones árabes se dividieron en tres: Alepo, Damasco y El Cairo, y el Imperio Otomano pronto controlaría también El Hiyaz (Medina y La Meca) y la zona de Babilonia hasta la ciudad de Basora.

El traidor Khair Bey fue el gobernador de Alepo en la que iba a ser su Edad de oro, pese a su traición, fue fiel a la Puerta Sublima. Jan Birdi al-Ghazali, antiguo comandante de los mamelucos en las batallas de Alepo y Gaza iba a ser el gobernador de Damasco, pero este promovió revueltas que serían duramente sofocadas. No era sino el principio de lo que iba a ser una gobernanza muy complicada. Incluso Ahmed Pachá, otomano, se reveló contra el sultán para erigirse a sí mismo desde El Cairo como califa. Durante los primeros años de la conquista, estos episodios se repetirían con cierta frecuencia.

Pero para entender mejor cómo funcionaba el Imperio otomano, cual era su modelo burocrático, y de qué manera podía integrar sectas, religiones y etnias tan distintas, dedicaremos el próximo artículo.

Cuadro en el que se representa a Mehmed II entrando en Constantinopla. El Imperio otomano casi conquistaría Viena más adelante.
En este pueblo nació Selim I, no aporta demasiado a la historia, pero me ha parecido una fotografía bonita.

 

 

Una respuesta a “La toma de Egipto por Selim I “el severo”: fin del dominio mameluco”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *